¿España en deflación? No haga caso


Algunos la han visto como el Robin Hood de la economía, dedicada a enriquecer al pobre y a empobrecer al rico. La verdad es que esta lectura es un poco idílica aunque tiene algunas dosis de verdad. El capital que pedimos prestado, por ejemplo para adquirir una casa, no varía con el crecimiento de los precios, pero nuestra nomina, sí. Por tanto, si la inflación eleva nuestro salario, pero no la deuda, esta tiende cada día a ocupar un menor peso en nuestro presupuesto familiar, liberándonos renta para dedicarla a otros bienes. Es decir, enriquece al endeudado.

Por el contrario, como la remuneración al ahorro suele ir por detrás del coste de la vida, empobrece al rentista. A través de este razonamiento, y con un poco de imaginación, es como algunos llegan a vincular a Robin de los Bosques con la inflación. El ejemplo de la sal ?sería más acertado: no podemos vivir sin ella y en un exceso nos mata.

Actualmente algunos afirman que estamos en una fase deflacionaria. Ni caso. Los precios energéticos están en caída libre, especialmente el del petróleo, de tal modo que hunde estadísticamente un índice basado en medias ponderadas.

La deflación, y esto hay que tenerlo claro, es algo más que la reducción del coste de los productos. Es un sentimiento, una creencia. Existirá el día que la veamos como una realidad y de momento eso no ha ocurrido, salvo en la vivienda. Si así fuera, el consumo estaría en caída libre y la última campaña de Navidad hubiera sido un desastre. Y ya ve, ni lo uno ni lo otro.

Es más, si algún día la deflación cruzase la calle de la estadística para instalarse en nuestra vida cotidiana, le diría que se tomase dos antidepresivos, porque estaríamos entrando en un tipo de crisis del que no tenemos nada claro cómo salir. Y si no fíjese en el sector inmobiliario, entró una deflación auténtica en el año 2008 y todavía hoy no le vemos salida. Lo dicho, dos antidepresivos.

Solo bajada de precios

Lo que ocurre en España es una simple bajada del precio de los combustibles como consecuencia de una decisión geoestratégica de Arabia Saudí en el marco de una congelación más o menos amplia de la cesta de consumo. Si estuviéramos en un país de pleno empleo diríamos que estaríamos ante un milagro económico. Aquí solo afirmar que salvo el petróleo, el resto de los precios son la consecuencia de un tejido económico desgastado, deprimido y cargado de existencias, por tanto, hasta que no se vacíen almacenes y se fortalezca el consumo privado, no veremos ni una sola tensión en los precios.

Venancio Salcines es presidente de la Escuela de Finanzas.

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