Los 10 asuntos económicos que marcarán nuestra vida en el 2015

La creciente desigualdad, la lenta regeneración del empleo, el desplome de los precios del petróleo... Un repaso por la agenda económica del nuevo año


La Voz / Redacción

Dice el viejo bolero que hay tres cosas en la vida: salud, dinero y amor. Si nos centramos en la segunda de ellas, como corresponde al suplemento Mercados, podemos afirmar, siguiendo la sentencia de Krugman en La era de las expectativas limitadas, que también en el ámbito económico solo hay tres cuestiones realmente decisivas: el empleo, la productividad y la distribución de la renta. El empleo: de cuántos brazos y cerebros disponemos para crear riqueza. La productividad: cuánta riqueza crea cada trabajador. Y la distribución de la renta: cómo se distribuye la riqueza creada entre los miembros de una sociedad. Si esos tres «negocios» marchan bien, concluía el ilustre economista, nada puede ir mal. Por eso, a la hora de establecer un decálogo de los asuntos que marcarán nuestra vida en el año recién inaugurado, parece obligado iniciarlo con aquella triple referencia.

¿Pero acaso no son asimismo relevantes esas cuestiones con las que nos bombardean a diario los economistas y los medios de comunicación, como los impuestos, los precios, los tipos de cambio, la deuda, el déficit público o la balanza comercial? Lo son, pero solo en la medida en que mejoran o empeoran aquella tríada básica que representa lo realmente importante.

Por eso, sin carácter exhaustivo ni excluyente, les propongo diez temas, en los que se entremezclan oportunidades, riesgos e incertidumbres, que condicionarán la economía española en el 2015. Asuntos internos y externos, porque las fronteras se diluyen en el marco de la economía global y más aún en el seno de la eurozona. De cómo evolucionen o se resuelvan los diez asuntos propuestos -y algunos otros que quedan en el tintero- dependerá la marcha de nuestras economías domésticas y la vida de nuestras empresas en el transcurso del año. Y también la confirmación de que la crisis ya pertenece al pasado, como dice el presidente Rajoy, o de que, como auguran los más pesimistas, todavía nos esperan penalidades.

EL CRECIMIENTO

Ya no hay duda de que la actividad económica, menguante desde el inicio de la crisis en el 2008, salvo el breve paréntesis de los «brotes verdes», ha aumentado en el último año. A falta de los datos de la contabilidad nacional, el Banco de España estima que la economía española creció un 1,4 % en el 2014 y prevé un incremento de al menos el 2 % este 2015. El último trimestre del ejercicio pasado sería el sexto de crecimiento consecutivo, después de la recesión sufrida en el 2012 y en la primera mitad del año siguiente.

El propio Banco de España toma la buena noticia con cautela, al advertir de que el escenario en que se produce está rodeado de «un elevado grado de incertidumbre». Aunque la recuperación viene de la mano de un repunte del consumo, la institución considera que «la vuelta a incrementos salariales generalizados» supondría un paso atrás en la mejora de la competitividad.

La mayoría de los pronósticos descartan una recaída en una tercera recesión, pero también son muchos quienes vaticinan una larga etapa de estancamiento o bajo crecimiento «a la japonesa», incapaz de suturar la enorme herida del desempleo que sufre España.

LA DESIGUALDAD

La economía crece, pero el Gobierno se queja de que los ciudadanos no lo perciben y el presidente Rajoy acaba por reconocer, a regañadientes, que «la recuperación no ha llegado a todos». Ambas cosas son ciertas: la tarta crece, pero la porción que corresponde a la mayoría de los ciudadanos no aumenta y en muchos casos sigue disminuyendo. Dos datos difundidos recientemente ilustran esa aparente contradicción: los beneficios de la banca aumentaron un 11,1 % (al margen de las antiguas cajas) y los costes laborales disminuyeron un 0,4 % el año pasado.

El problema está en el reparto, antes de los sacrificios y ahora de los beneficios. España es el país desarrollado donde más creció la desigualdad durante la crisis. Y es hoy el país más desigual, después de Estados Unidos. Según la OIT, el abismo que separa la parte más rica de la más pobre de la población se ha ensanchado entre un 40 % y un 50%. La OCDE confirma esa apreciación y la atribuye, en especial, al elevado paro. Señala el club que reúne a los países más ricos que la pérdida de empleo en España, y en menor medida las rebajas salariales, se ha concentrado en la población más pobre. La capacidad de compra del 10 % de la población con menos recursos ha mermado un 43 %, mientras que el poder adquisitivo del 10 % más adinerado solo se redujo entre el 3 % y el 4 %.

Esto significa que la factura de la crisis la pagaron, sobre todo, las familias más modestas, las mismas que todavía no palpan ninguna mejoría. Según la OCDE, en Portugal, Grecia o Rumanía, que sufrieron una crisis aún más atroz que España, disminuyeron las desigualdades y el poder adquisitivo de la población más acomodada se contrajo más que el de la más pobre.

EL EMPLEO

El año pasado, España creó empleo por primera vez en siete años. El paro registrado disminuyó en 253.627 personas, el mayor recorte anual desde 1998. El Banco de España, por su parte, estima que el empleo, que había disminuido un 3,3 % en el año 2013, creció un 1 % en el 2014.

Esos datos se han convertido en el principal estandarte de los logros económicos del Gobierno. Pero, a falta de la EPA del último trimestre del año, un análisis sosegado debería rebajar la euforia. Se ha creado poco empleo y de ínfima calidad. Como resultado de la paulatina reconversión de trabajo indefinido en trabajo precario, el volumen total de empleo de la economía creció mucho menos que el número de puestos de trabajo. Y ese parece ser el modelo laboral al que estamos abocados: donde antes había un trabajador fijo y a tiempo completo, hay cada vez más empleados por horas, contratados temporales y trabajadores de bajos salarios. Con ese modelo difícilmente crecerá el consumo para incrementar la alicaída demanda. El ejemplo de Henry Ford al subir el salario de sus trabajadores, porque alguien tendría que comprar sus automóviles, ha caído en el olvido.

EL PETRÓLEO

La mejor noticia para la economía española llega del exterior: el desplome del precio del crudo. El barril de petróleo, que llegó el año pasado a rondar los 115 dólares, se mueve actualmente en el entorno de los 50. Un abaratamiento superior al 56 % en dólares -aunque menor al ser traducido a euros- supone un enorme balón de oxígeno para las economías, como la española, con elevado grado de dependencia energética. Se estima que España, cuya factura energética -petróleo y gas natural- ascendió a 45.500 millones de euros en el 2013, podría ahorrar unos 6.000 millones de euros este año. El abaratamiento del crudo permitirá ajustar la balanza comercial por la significativa reducción que experimentarán las importaciones, reducirá los costes de las empresas e incentivará el consumo en mayor medida que la pacata reforma fiscal ya en vigor. En definitiva, en la medida en que la rebaja se traduzca en mayor renta disponible, contribuirá a levantar el espinazo a la economía. Solo una incógnita empaña el horizonte: ¿cuánto durará este período de energía barata? ¿Podemos descartar una subida tan brusca como el descenso?

EL EURO

Actualmente, un euro equivale a 1,18 dólares. Hace exactamente un año, el cambio se situaba en 1,37 dólares. La moneda única se ha depreciado más del 13 % en relación con la divisa estadounidense. Esto implica que los productos españoles comercializados fuera de la eurozona se han abaratado un 13 %, lo que constituye una ganancia competitiva y un empujón a las exportaciones. Vendrán también más turistas, por ejemplo británicos: la libra esterlina se apreció más de un 6 % con respecto al euro en el último año. La depreciación del euro también ayudará a equilibrar la balanza comercial por el lado de las importaciones: compraremos menos productos estadounidenses, por ejemplo, porque se han encarecido.

La debilidad del euro, fruto sobre todo de las medidas expansivas adoptadas por el BCE y la retirada de los estímulos monetarios en Estados Unidos, constituye otro balón de oxígeno para la economía española. Equivale a una devaluación competitiva, aunque limitada, porque nuestros principales clientes pertenecen a la eurozona y ahí manejamos la misma moneda.

EL ESTANCAMIENTO

Pero no todo el escenario está iluminado. Hay rincones de sombra: el raquítico crecimiento de las economías de la zona euro es uno de ellos. La eurozona apenas creció dos décimas en el tercer trimestre del año pasado, Francia arañó tres, Alemania está estancada con una décima e Italia continúa en recesión. La propia Comisión Europea, a la vista de los datos, habla de recuperación «lenta y frágil». Si esos países, principales mercados de los productos españoles, no consiguen arrancar los motores, tampoco la economía española conseguirá despegar.

LA DEFLACIÓN

Planeando sobre las economías europeas al ralentí se halla el temible fantasma de la deflación. El riesgo de una caída generalizada de los precios, que además se perpetúa al aplazar los consumidores sus decisiones de gasto, existe en la eurozona y así lo admite Mario Draghi, presidente del BCE.

Los últimos datos al respecto son preocupantes. Los precios cayeron en la eurozona un 0,2 % en diciembre. El IPC armonizado registraba así la primera tasa interanual negativa desde octubre del 2009. La Comisión Europea considera que el bajo nivel de precios proseguirá «a corto plazo», mientras no se consolide la recuperación y suban los salarios. Niega, sin embargo, que estemos en la antesala de una espiral deflacionaria y atribuye la baja inflación al débil crecimiento económico y el abaratamiento de las materias primas. De hecho, excluyendo del cómputo el impacto de la energía y los alimentos frescos, los precios -la inflación subyacente- subieron un 0,8 % en diciembre.

LA DEUDA

El elevado endeudamiento público y privado de la economía española supone un lastre añadido. La deuda pública, fruto de los déficits presupuestarios acumulados, superó ya el billón de euros y este año rebasará el 100 % del PIB. España pagará este año en intereses 35.490 millones de euros: cien millones de euros al día. Y prevé colocar durante el ejercicio 665 millones diarios -242.765 millones en el año-, la mayor parte para renovar la deuda que vence, pero también 47.000 millones de endeudamiento neto.

Por más que la financiación parece asegurada, y de momento a tipos de interés muy reducidos, la situación se retornará insostenible. Téngase en cuenta que la bonanza de la prima de riesgo no se prolongará indefinidamente. Salvo que se produzcan elevadas tasas de crecimiento económico y aumente la inflación, con lo cual disminuye el peso relativo del pasivo, la reestructuración negociada de la deuda se planteará antes o después.

GRECIA

Tal vez el detonante que haga saltar por los aires la enorme burbuja de la deuda pública acumulada sea Grecia. El nerviosismo desatado en Europa por una posible victoria de Syriza en las elecciones del día 25 indica que el país heleno vuelve a ser el polvorín de la eurozona. El Gobierno alemán ha dejado caer que, de producirse el estallido, Grecia debería abandonar el euro y que esa decisión tendría hoy un coste asumible por los socios. De la postura de Berlín se deduce que prefiere a Grecia fuera del euro antes que una reestructuración negociada de la deuda helena, como pretende el líder Syriza.

Tracemos esquemáticamente el estado de la cuestión. Entre el 2008 y el 2013, la deuda pública griega creció un 21 %. Crecimiento moderado -en España aumentó un 133,5 % en el mismo período-, en parte por la quita parcial efectuada, que sitúa el endeudamiento griego en unos 320.000 millones de euros. Pero su composición cambió sustancialmente: ahora, a raíz de los planes de rescate aprobados, el 80 % de la deuda -unos 250.000 millones de euros- está en manos de la troika (BCE, Comisión Europea y FMI). Pero el pago de la deuda se ha vuelto insostenible, porque la economía griega, en gran medida por las draconianas medidas de austeridad impuestas al país, se redujo un 25,8 % en cinco años.

En esa situación, Alemania, a juzgar por las filtraciones del Gobierno, prefiere ver a Grecia fuera del euro y que la troika pierda sus 250.000 millones antes que negociar una reducción de la deuda. Obviamente, solo el temor a que otros países fuertemente endeudados planteen una reestructuración de la deuda explica la cerrazón de Berlín a una renegociación con Atenas.

LAS ELECCIONES

Este año habrá elecciones locales, autonómicas y generales en España. Su significación económica, al margen de los posibles resultados, está fuera de toda duda. Incluso de forma directa. Hay quien sostiene que la reforma fiscal está diseñada más en términos electorales que en clave económica.

Más claramente, los comicios ya han provocado que muchos ayuntamientos anuncien congelación de tributos como el impuesto de bienes inmuebles (IBI) o las tarifas del transporte público, tras dos años de subidas desbocadas. En cualquier caso, al margen de esos asuntos concretos, las elecciones constituyen en sí mismas un relevante factor económico a tener en cuenta a la hora de mirar el bolsillo.

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