El año del descenso de Rodrigo Rato a los infiernos financieros

El 2014 pasará a la historia financiera como el año de la primera condena penal por los excesos de los banqueros y el escándalo de las tarjetas «black»


madrid / colpisa

De serio aspirante a presidir el Gobierno -su nombre fue sustituido en el cuaderno azul de Aznar por el del hoy jefe del Ejecutivo- y luego director del todopoderoso Fondo Monetario Internacional a ser defenestrado públicamente y su nombre resultar sinónimo de los desmanes cometidos en parte de la banca española. Rodrigo Rato cerrará el 2014 con su descenso a los infiernos financieros y con el fundado temor de que el próximo año puede terminar siendo enviado al banquillo de los acusados por su aparentemente nefasta gestión al frente de Bankia, donde siguió en buena medida el camino de irregularidades que empezó a dibujar su antecesor, Miguel Blesa.

Ambos fueron protagonistas en otoño porque los actuales gestores del banco, en plena depuración de responsabilidades anteriores aunque con cierto retraso, revelaron la caja B que el segundo instauró en Caja Madrid y el primero mantuvo hasta casi su transformación en Bankia para engordar las remuneraciones de consejeros y altos ejecutivos.

Un total de 83 personas dilapidaron 15,5 millones de euros entre 2003 y 2012 (en todo tipo de gastos personales) con tarjetas de crédito fuera del circuito habitual y que Hacienda no controlaba. Blesa, por ejemplo, empleó 13.148 euros para financiarse una cacería, mientras que Rato gastó 3.547 euros de una tacada en bebidas alcohólicas.

Blesa había sido protagonista semanas antes porque un tribunal expulsó de la carrera judicial al controvertido Elpidio Silva, condenado por prevaricación continuada a raíz de encarcelar al ex financiero dos veces en el 2013 por dos de sus operaciones irregulares en la caja de ahorros madrileña: la compra de un banco estadounidense en Florida y los créditos a Gerardo Díaz Ferrán, el expresidente de la CEOE que será juzgado en el 2015 por el vaciamiento patrimonial fraudulento de su emporio Viajes Marsans.

Lo de Día Ferrán aparenta ser un fraude de libro, algo parecido a lo que habría hecho el pícaro confeso Jenaro García en el ya desmoronado imperio del wifi que quiso crear Gowex, y cuyos destalles espera desentrañar este próximo año la Justicia.

Un informe demoledor

Rato, a su vez, ha copado las portadas en las últimas semanas tras parir los dos peritos del Banco de España al servicio del instructor del caso Bankia el informe que se les pidió hace casi dos años. Sus conclusiones han resultado demoledoras: el banco salió a Bolsa en el 2011 con sus cuentas manipuladas para «no reflejar su imagen fiel», ocultando así un agujero de 4.570 millones de euros. La presunción lógica -ahora corresponderá al juez confirmarlo- es que los más de 347.000 pequeños inversores que acudieron a esa OPV lo hicieron engañados y que también el FROB, responsable de su rescate con 22.424 millones de euros de dinero público, resultó perjudicado.

El 2014 ha sido también el año de la primera condena a banqueros por los desmanes de la crisis. Cuatro exdirectivos de Caixa Penedés -encabezados por el que fue su director general y verdadero factótum de la entidad financiera, Ricard Pagès- fueron sentenciados a penas de entre uno y dos años de cárcel, tras reconocerse autores de un delito de administración fraudulenta por haberse autoconcedido un pensionazo de 31,6 millones, que empezaron a generar desde el año 2001.

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