«Contrabando» de merluza negra

La organización ecologista Sea Shepherd sorprende faenando en la Antártida a un barco incluido en la lista negra y del que se cree que tiene capital gallego


redacción / la voz

La lucha contra la pesca ilegal parece revelar que no se han disuelto los lazos entre la Antártida y Galicia. Los gélidos mares del Sur habrían vuelto a ser escenario de las actividades ilícitas de embarcaciones con capital gallego oculto tras banderas de conveniencia y empresas superpuestas en paraísos fiscales, que capturan ilegalmente toothfish, una especie de gran valor comercial también conocida por merluza negra o róbalo o bacalao de profundidad. Sería así si se confirman las acusaciones de la organización ecologista Sea Shepherd, que unas semanas después de haber puesto en marcha la Operación Icefish contra la captura ilícita de esta especie sensible, ya han interceptado a los primeros contrabandistas.

El jueves pasado, la embarcación Bob Barker, de la agrupación medioambientalista, sorprendió al pesquero Thunder faenando en el área gestionada por la Comisión para la Conservación de los Recursos Marinos Vivos de la Antártida (CCAMLR). En las inmediaciones del pesquero, los activistas de Sea Shepherd encontraron también un equipo de pesca, señalizado con la presencia de tres boyas naranjas, que serían la prueba de que estaba trabajando de forma ilícita, sin disponer de licencia para ello.

En la lista negra

El Thunder figura en la lista negra de la citada organización regional, que le atribuye un amplio historial de pesca ilegal que arranca en febrero del 2008, cuando fue avistado realizando actividades ilegales por primera vez, al menos con ese nombre, ya que antes se llamó Wuhan Nª 4, Kuko, Typhoon I...

Y según la información que facilita la administración de CCAMLR, aunque la embarcación navega ondeando bandera de Nigeria, lo cierto es que el palangrero tiene vínculos con una casa armadora gallega.

La actividad ilícita de este buque ha sido constatada por la misma Interpol, que en su día lanzó una nota púrpura, según Sea Shepherd, tras el esfuerzo conjunto de Nueva Zelanda, Australia y Noruega. Precisamente una de esas actuaciones con la Interpol de por medio finalizó con la inhabilitación de varios marineros españoles por parte del Ministerio de Agricultura, para ejercer su profesión tras haberse probado su participación en actividades de pesca ilegal. Aunque Agricultura nunca ha querido confirmar el origen de esos nacionales, fuentes del sector aseguran que se trata de marineros gallegos que actuaban a bordo de un pesquero de armador de esta tierra. Es más, hay quien apunta que se trata del mismo Thunder.

Obviando las órdenes

El capitán del Bob Barker, el barco de los ecologistas, Peter Hammarstedt, ordenó al pesquero sorprendido poner rumbo al puerto de Fremantle (Australia) para responder ante las autoridades por haber faenado sin licencia. Pero a un pirata el «arresto ciudadano» que le comunicó Hammarstedt le debió sonar más que a chufla, pues hizo caso omiso de las advertencias por completo. Ante esa desobediencia, el capitán del Bob Barker tuvo que dar cuenta a las autoridades de la CCAMLR, a la policía federal australiana y a los responsables pesqueros de Australia de que el barco había sido localizado dentro del área de la organización regional. Hammarstedt pidió a las autoridades australianas que tome medidas contra el Thunder, al que, por cierto, siguieron en su ruta.

Según Sea Shepherd, la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada de merluza negra sigue estando vigente. Aseguran que actúan hasta seis operadores en el área de la convención. La pesca de este codiciado pez de carne blanca es tan lucrativa que los pescadores ilegales le llaman el oro blanco, porque una carga media de 1,5 toneladas cuesta unos 83 millones de dólares (68 millones de euros).

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