La economía social, un refugio contra la crisis que factura 2.400 millones

Las 1.238 cooperativas gallegas sostienen un 2 % del empleo en la comunidad


Redacción / La Voz

Es el contrapunto de una crisis que ha devastado el mercado laboral y ha obligado a echar el cierre a miles de empresas. En esas cenizas ha florecido la economía social, un sector que ha conseguido nadar a contracorriente y que se ha convertido en refugio contra los zarpazos de la recesión. En mayo de este año, el último dato recopilado por la Consellería de Traballo, había en Galicia 1.238 cooperativas, un 15 % más que las censadas en la comunidad en el 2008, justo antes del crac económico. Solo por comparar, en ese mismo período el censo total de empresas gallegas se redujo casi un 5 %, al desaparecer diez mil negocios.

Las cifras hablan por sí mismas: solo en la modalidad del cooperativismo -la más visible de un modelo que también engloba a las sociedades laborales, los centros especiales de empleo o las empresas de inserción- estas sociedades cuentan en Galicia con más de 90.150 socios y sostienen 18.650 empleos directos, lo que equivale al 2 % de los ocupados gallegos (la cifra ascendería al 11 % si se incluye a los socios). En términos de facturación, las cooperativas gallegas ingresaron más de 2.435 millones de euros en el 2013, un ejercicio en el que se crearon 64 nuevas sociedades, el mejor registro de toda la crisis, que se espera pulverizar en este año, ya que solo hasta mayo se habían constituido 43 cooperativas. Una cifra todavía modesta si se compara con las 24.600 que hay en toda España y que facturan 132.310 millones al año.

El carácter refugio de estas sociedades se constata en el auge que en los últimos seis años han experimentado las cooperativas de trabajo asociado, que han crecido un 21 % en plena crisis, afianzando cien nuevos proyectos empresariales en medio de una tormenta de cierres en otros sectores. Mar Pernas, gerente de la Unión de Cooperativas de Traballo Asociado (Ugacota), explica este bum por «la dificultad para acceder al mercado de trabajo», que hace del emprendimiento y el autoempleo una de las pocas salidas para engancharse al mismo.

Por ello, entre los perfiles de los nuevos cooperativistas destaca el de aquellos desempleados que, tras tiempo en paro y sin ver salida, deciden unir esfuerzos con amigos o conocidos a los que les unen intereses profesionales comunes y «con los que creen que pueden sacar adelante un proyecto». Aunque también son numerosos los ejemplos de trabajadores de empresas que cerraron «y que quieren dar continuidad a la actividad», aprovechando sus conocimientos y la cartera de clientes, ya sea convirtiendo la antigua sociedad mercantil en cooperativa o fundando una desde cero.

En cuanto a sectores, los servicios a empresas son el principal nicho de negocio para estos nuevos emprendedores, con un amplio abanico de servicios que van desde la gestoría o la informática al ámbito de la animación sociocultural. «Una de las ventajas del cooperativismo es que busca huecos que no son atractivos para las grandes empresas pero en los que sí hay oportunidades de negocio».

Los requisitos

Eso sí, Pernas deja claro que, pese a su marcado carácter social, una cooperativa es una empresa y, como tal, «es fundamental trabajar el proceso de maduración de las ideas y el plan de viabilidad». Eso, y «un grupo humano de trabajo cohesionado», cuyos miembros asuman la doble condición de trabajadores y empresarios, que implica cesiones pero también la posibilidad de «compartir riesgos y asumir inversiones que para una persona sola serían mucho más complicadas».

Por eso, cree que la crisis ha ofrecido la oportunidad de visibilizar un modelo que apunta «hacia una economía más adaptada a nuestras necesidades y que demuestra la capacidad de cambio que tiene la sociedad civil».

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