Galicia incorpora al campo a 4.400 jóvenes en 10 años, pero no corrige el cierre de granjas

Aún desaparecen en la comunidad cinco explotaciones por cada nuevo trabajador que llega a la agricultura o la ganadería


redacción / la voz

La ausencia de relevo generacional sigue siendo uno de los principales problemas que afectan al campo gallego. La escasa rentabilidad y la nula dignificación de un sector que, de forma directa o inducida, sigue dando empleo a más de 65.000 personas, han impedido que muchos jóvenes valorasen la agroganadería como una oportunidad laboral.

De hecho, durante la última década apenas se han incorporado a esta actividad 4.400 personas, una quinta parte de las más de 22.000 granjas -13.000 de ellas de negocio lácteo- que han cerrado sus puertas en ese mismo período. Actualmente producen leche en Galicia 9.983 explotaciones, menos de la mitad de las que lo hacían en el 2004, y apenas el 15 % de las existentes en el momento de implantarse las cuotas lácteas a mediados de las década de los 90.

A esto hay que añadir otro problema derivado de la elevada edad media de los actuales titulares de las granjas. Según denunciaron recientemente varias asociaciones de productores, durante los próximos siete años tendrán posibilidades de jubilarse el 40 % de los agricultores y ganaderos que están en activo. Circunstancia esta que, de no consolidarse un relevo generacional, supondría una reducción importante de los activos en el campo gallego, y condicionaría enormemente su viabilidad futura.

Según los últimos de la Consellería do Medio Rural, las primeras incorporaciones a la actividad agraria durante el último año se situaron en el entorno de los 270 jóvenes. En la mayoría de los casos se trata de personas de entre 30 y 40 años que deciden tomar el relevo de sus padres una vez que estos se jubilan, o que comparten con ellos la titularidad de la granja mediante la creación de una sociedad civil, agraria de transformación o cooperativa. La constitución de entidades bajo alguna de estas fórmulas ha crecido notablemente en los últimos años -debido principalmente a los beneficios fiscales y facilidades para acceder a ayudas públicas- y se calcula que casi la mitad de las explotaciones gallegas tienen ya como titular a una persona jurídica.

Pese a todo, la falta de oportunidades labores en ámbitos como el de la construcción o la hostelería (que años atrás ocupaban a un buen número de jóvenes), ha contribuido enormemente a que muchos se hayan decidido por volver a sus lugares de origen y plantearse continuar con la actividad agrícola familiar, o incluso iniciarse en una nueva también vinculada al cultivo de la tierra.

Propiciar la incorporación

Precisamente uno de los objetivos fundamentales de la nueva Política Agraria Común (PAC) para el período 2015-2020 pasa por favorecer esta incorporación de jóvenes al sector agroganadero. Tanto es así que desde el propio Ministerio de Agricultura se señala su intención de poner en marcha una serie de medidas que busquen hacer más atractivo el entorno rural a futuros emprendedores.

Las previsiones más optimistas del Gobierno pasan por que durante los próximos seis años haya 15.000 nuevos jóvenes agricultores, un 50 % más que en el período anterior. En este sentido, tal y como apuntó recientemente la ministra Isabel García Tejerina, se establecerá una ayuda para incentivar esta primera instalación de jóvenes que podría llegar a alcanzar los 70.000 euros por beneficiario (durante el último año la ayuda media fue en Galicia de 23.000 euros). Además se estudian exenciones fiscales y facilidades para acceder al crédito durante los primeros cinco años de permanencia del joven en la actividad.

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