Poniendo «verde» al atún claro

Las empresas atuneras han emprendido un viaje hacia la sostenibilidad, una ruta que abrió Calvo en el 2012 al incorporar observadores en sus barcos


redacción / la voz

Es el pescado que más se consume. Y, por supuesto, el que más se enlata. El atún ha aupado a las conserveras españolas y gallegas a los puestos de cabeza mundial en el sector. Y la producción sigue creciendo. Ese aumento encendió ya tiempo atrás las luces rojas de la posible sobreexplotación del atún, sobre todo la del patudo. Y avivó los reproches de las organizaciones ecologistas, que señalaron con el dedo a la flota de capital español como la principal responsable de esa mayor presión sobre los stocks de túnidos tropicales. Criticaban en especial el empleo de objetos, nombre popular de los FAD, dispositivos que emplean los atuneros para facilitar la concentración de peces y que han permitido aumentar la captura por lance.

No solo por los reproches -que también-, los atuneros se lanzaron a hacer ver que la pesca de atún puede ser sostenible. El primer paso lo dio el Grupo Calvo, que en el año 2012 decidió, por iniciativa propia, embarcar observadores científicos independientes en los barcos de su flota. Desde entonces, todos sus buques, tanto el de bandera española como los otros seis de El Salvador y Cabo Verde, no realizan ninguna actividad pesquera que no sea supervisada por un biólogo ajeno a la compañía, que «comparte el 100 % de los datos de pesca con los organismos científicos y las autoridades de gestión de cada región», señala Alma Román, gerente de Responsabilidad Social Corporativa del grupo.

Fue la primera de una serie de medidas adoptadas para conseguir un suministro sostenible, que Román considera que empieza por una mayor inversión en ciencia aplicada. «Es el primer paso hacia la sostenibilidad del recurso», señala.

Control satelital de todas sus embarcaciones, formación a la tripulación en buenas prácticas pesqueras, auto prohibición de los descartes de atún, hacer suscribir a los proveedores un código de conducta para la compra responsable y poner en marcha un programa de supplier engagement que incluye la visita in situ a proveedores y la evaluación de sus sistemas de gestión, son fórmulas para conseguir un atún más verde. «Si por lo que fuera, el proveedor no cumple con las exigencias de nuestro código, podríamos dejar de trabajar con él si no aplica un plan de acción correctivo», señala Alma Román.

Los que vinieron despuéses

Los primeros pasos en busca de mayor sostenibilidad de la pesquería de túnidos tropicales de Calvo abrieron camino al resto del sector extractivo, que opera en los océanos Atlántico, Índico y Pacífico.

Los armadores atuneros firmaron a principios de este año un protocolo de intenciones para dar mayor transparencia, mejorar la monitorización y establecer un mayor control de las actividades de la flota. Una serie de medidas que se aplicarán tanto a los barcos españoles como a los que operan bajo pabellón extranjero. La primera es extender la caja azul a todos los buques, que también facilitarán los diarios de pesca y la declaración de desembarco o transbordo. Y han suscrito un plan estratégico de ciencia y tecnología para realizar actividades de investigación, mejorar el conocimiento científico de la biología y dinámica de las poblaciones de túnidos para dar nuevos pasos en favor de su pesca responsable y competitiva. ¿Cómo? Pues incorporando observadores científicos en los atuneros que después entreguen sus datos a los investigadores del IEO y de AZTI, el instituto vasco. Estos trabajarán en la búsqueda de soluciones tecnológicas que mitiguen la pesca accidental y los descartes.

Ahora bien, Alma Román subraya que no hay que perder de vista que el atún es una especie altamente migratoria y, por tanto, «los esfuerzos individuales de un armador, de una flota o de un país, pueden no servir de nada». Por eso, una gestión «global, robusta y precautoria del recurso es lo más efectivo y lo más realista si lo que se persigue es hacer más sostenible la pesquería de atún tropical». Román rechaza así la distinción que hacen los medioambientalistas en artes buenas y artes malas, pues, sostiene, hay «ejemplos de pesquerías con flotas de bajo impacto que han dañado el recurso». Así que «no hay flotas buenas o malas, sino pesquerías bien o mal gestionadas».

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