La economía japonesa tropieza otra vez y regresa a la recesión, con un traspiés del 0,4 %

La subida del IVA, del 5 al 8 %, lastra el consumo privado, sobre el que se asienta el 60 % del PIB nipón


redacción / la voz

El plan del primer ministro japonés, Shinzo Abe, para resucitar la economía nipona y acabar con 15 años de estancamiento y deflación (la Abenomía), hace aguas. El país está otra vez en recesión. Su PIB mermó un 0,4 % en el tercer trimestre del año (el segundo de su ejercicio fiscal), caída que se suma al descenso del 1,9 % que sufrió entre abril y junio, cuando encajó el mayor descalabro desde el brutal terremoto del 2011. Nadie se lo esperaba. Es más, entre los analistas había incluso quien hablaba de un paso adelante del 2,1 %.

Y la culpa la tiene el propio Abe, quien, con la soga al cuello de una deuda pública descomunal (la mayor del mundo desarrollado y de más del doble de la riqueza que es capaz de producir Japón en un año), optó en abril por subir el IVA, medida heredada del anterior Ejecutivo y que le costó el cargo a su antecesor, Yoshihiko Noda.

El impuesto pasó entonces del 5 y al 8 %. Era la tercera vez en toda la historia que los japoneses veían escalar el IVA. Esta vez, para costear la pesada carga que supone la seguridad social para un país con una población muy envejecida sin tener que recurrir a los mercados en busca de financiación y engordar todavía más la deuda.

Confiaban en que el impacto no se les iría de las manos. Creían que la batería de medidas adoptadas para amortiguar el golpe cumpliría su fin.

Pero, visto lo visto, parece que el Ejecutivo no calibró bien las consecuencias de esa decisión. Porque el incremento ha acabado convertido en una pesada losa para el consumo privado, un pilar que sustenta casi el 60 % del PIB japonés.

Las tres patas del plan de Abe

Tres son las patas de ese plan de Abe para sacar al país del fango que ahora se tambalea. Una política monetaria ultraexpansiva para combatir la deflación (la economía recibirá en dos años un inyección equivalente al 30 % del PIB); millonarios planes de gasto público para estimular el crecimiento y montañas de reformas estructurales para impulsar la actividad.

Pero solo una recuperación económica sólida y, sobre todo, sostenida en el tiempo, devolverá la confianza a los japoneses. Sin eso, acabar con la deflación es solo un sueño. Y, de momento no hay visos de ella.

La otra subida, en el aire

Lo que parece claro ahora es que a Abe no le va a quedar otra que aplazar la subida adicional del IVA que acordó el Parlamento hace dos años y prevista para octubre del 2015: del 8 al 10 %. Si no lo hace, malo. Y, si lo hace, puede ser peor. Se expondría entonces a la desconfianza de los mercados sobre el compromiso del Gobierno para sanear la monumental deuda pública del país (más del 250 % del PIB). Eso dispararía las rentabilidades de los bonos nipones y encarecería la financiación del Estado.

De momento, ayer, la Bolsa nipona se atragantó con el dato (bajó casi un 3 %). Y su indigestión tuvo eco durante la mañana en las grandes plazas europeas.

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