La flota se alía con los ecologistas para erradicar el «finning» con el tiburón

Cepesca y Oceana apelan a 49 países para generalizar las aletas adheridas


Redacción / La Voz

Por una vez, y puede que hasta sirva de precedente, la flota pesquera y los ecologistas se dan la mano para alcanzar un objetivo común: conseguir que los 49 países que forman parte de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (Iccat) regresen de Génova -donde se está celebrando la 19 cumbre anual de la organización regional de pesca- con el acuerdo de extender a todo el mundo la política de aletas adheridas. Esto es, que se extienda a todas las banderas la prohibición de cercenar la aleta del tiburón a bordo de los barcos y se obligue a todas las flotas a descargar el cuerpo del escualo con la extremidad en su sitio, como desde hace año y medio están obligados a hacer los palangreros de superficie gallegos.

Todo para poner fin de una vez por todas al finning o aleteo, una práctica que consiste en extraer la aleta caudal al tiburón y tirar el cuerpo por la borda, dado su menor valor comercial.

Los ecologistas de Oceana lo tienen claro: «El finning continúa ocurriendo en el océano Atlántico y la Iccat ha fracasado a la hora de poner fin a esta práctica inaceptable», critica Lasse Gustavsson, director ejecutivo de la agrupación medioambientalista en Europa.

Podrá acusársele de otros muchos pecados, pero al grueso de la flota española no se le puede achacar ese ejercicio. No, porque tiene mercado para la aleta -que ansían los países asiáticos-, pero también tiene clientes a los que colocar el cuerpo, por lo que tirarlo por la borda es como tirar unos valiosos euros. Aún más, es tirar la mayor parte de los ingresos, puesto que la venta de la carne del escualo supone el 55 % de la facturación, frente al 45 % que procede de la venta de la aleta. Así que lo único que ha logrado la UE al imponerle la política de aletas naturalmente adheridas fue incrementar los costes de explotación. «Hoy vemos cómo flotas de otros países siguen haciendo finning y que cada vez que se discute la política de aletas adheridas en una organización regional de pesca, el debate se cierra rápidamente sin que la UE y otras partes contratantes se peleen por ello», critica Javier Garat, secretario general de Cepesca, la patronal que ha formado tándem con Oceana.

La industria reclama competir en igualdad de condiciones y, para ello, necesita unas normas similares para todos los barcos, independientemente de su pabellón.

Para «terminar la semana con una recomendación de la Iccat que obligue a todas las partes a desembarcar los escualos con las aletas adheridas, Oceana y Cepesca cuentan en su bando con la mano alzada del representante de la UE, el de Brasil y el de EE. UU.

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