El ébola extiende el virus del miedo a la economía mundial

La expansión de la epidemia amenaza las bolsas, al comercio internacional, especialmente con África, y genera unos costes de hasta 30.000 millones de dólares


Corresponsal en Nueva York

La semana pasada en Wall Street las conversaciones no se centraban en la caída de las bolsas, en los tipos o en chascarrillos sobre banqueros. El tema de conversación más frecuente era una uno: el ébola. Y más que de la enfermedad, las conversaciones en la bolsa de Nueva York se centraban en el que puede ser uno de los efectos catastróficos de este brote: el miedo. Porque si hay algo a lo que teme Wall Street es precisamente a eso, al miedo.

Y es que no hay duda que el actual brote de ébola, el peor de la historia, es ya una de las variables que hay que introducir para los análisis económicos del futuro, como mínimo a corto y medio plazo.

Lo primero que tratan de saber los expertos es cuál será el precio que pagará el mundo por la extensión de esta enfermedad. Diferentes instituciones han avanzado algunas estimaciones sobrecuál puede ser ese coste. Aunque claro, el primer problema es que nadie sabe cómo va a evolucionar.

El secretario general de la ONU Ban Ki-moon hacía un llamamiento a la comunidad internacional para que contribuyese con 1.000 millones de dólares para evitar una debacle sanitaria. Hace pocos días, el Banco Mundial hizo públicos sus análisis sobre esta cuestión. Los analistas de la entidad vinculada al FMI se planteaban dos escenarios posibles. El peor, con la extensión del ébola a los países vecinos que ya lo están sufriendo ahora (Liberia, Sierra Leona y Guinea Conakry). Si eso ocurre y el virus traspasa las fronteras terrestres de estos Estados y llega a Nigeria, Costa de Marfil o Senegal, el estudio del Banco Mundial calcula que el brote le costaría al mundo 32.600 millones de dólares hasta finales del año próximo.

En un escenario menos catastrófico, si la epidemia se contiene en estos tres países y el brote se frena, el coste sería mucho más bajo: alrededor de 359 millones de dólares en los próximos meses.

Son muchos millones, sobre todo los del escenario más adverso, y aun así no parece tanto cuando se perfila como una catástrofe. Y sobre todo si se compara con un precedente que puede servir de ejemplo. El brote de SARS, la enfermedad pulmonar que se extendió por varios países en el año 2002 y que provocó la muerte de 800 personas, causó unas pérdidas en todo el mundo que, según The Economist, llegaron a los 50.000 millones de dólares.

En el caso de la actual epidemia, las estimaciones del Banco Mundial, sorprende que la cifra del peor escenario sea bastante más baja. Pero los expertos explican por qué. En esas circunstancias falta una variable, el miedo. Porque el miedo tiene costes económicos. Los tuvo con el SARS y es más que probable que los tenga con el ébola.

En el momento en el que los expertos del BM hicieron la semana pasada sus predicciones todavía no se habían diagnosticado los dos casos de las enfermeras contagiadas dentro de Estados Unidos. Y esos dos casos el temor se ha ampliado.

Pero aún antes de que se diagnosticaran ya había signos de incertidumbre. Lo que se conoce como efecto contagio, y que no tiene nada que ver con la biología, ha provocado ya que en los últimos días se cancelara una cumbre de inversores en Namibia, un país situado a 3.000 kilómetros del epicentro del ébola. Y la aerolínea Korea Airlines ha dejado de volar a Kenia, un país que no ha registrado un solo caso de la enfermedad. Todo indica además que esos son los primeros efectos, pero que vendrán otros.

Sobre lo que no hay duda es sobre dónde se van a sentir los efectos de la crisis económica que va a seguir a la crisis sanitaria: África. Los que la están sintiendo ya en toda su intensidad son Liberia, Sierra Leona y Guinea, los países más pobres del continente más pobre. Pero todo indica que el efecto se va a extender al resto de África.

La directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, asistió el fin de semana pasado a la reunión anual de la institución que preside y el Banco Central que se celebró en Washington. En ese encuentro Lagarde lució un pin en el que podía leerse: Aislemos al ébola, no a los países. Porque ese es el problema. En ese mismo encuentro, el ministro de Economía de Sierra Leona, Kaifala Marah, describió de forma gráfica la situación: «La epidemia tiene los mismos efectos que un embargo económico porque nos aísla. Hemos perdido todo lo que habíamos conseguido».

Las pérdidas a las que se refería Marah se refieren a la situación de relativa estabilidad que habían alcanzado en años recientes estos tres países después de años de guerra. El brote se lo ha llevado todo de golpe. Los sectores más afectados son la agricultura, la minería y la construcción. Los primeros informes apuntan que cientos de empresas han cerrado y los precios de los alimentos se han disparado, por ejemplo el de la mandioca ha subido un 150?% en Monrovia, la capital de Liberia.

Y con todo, eso no es lo más dramático. Lo peor, dicen los expertos, es que las inversiones en estos países se han detenido por completo. Los inversores tienen miedo, otra vez el miedo. Por ejemplo, la petrolera ExxonMobil anunció a principios de octubre que posponía la exploración de un pozo petrolero que tenía prevista en Liberia. La razón es que las multinacionales han restringido hasta el mínimo la presencia de trabajadores extranjeros en estos países porque no pueden asumir los costes de seguridad que representa el brote de ébola. Esas medidas también están afectadas por el efecto contagio y no incluyen solo a Liberia, Sierra Leona y Guinea, sino también a los países fronterizos.

Libera es exportador de caucho y hierro. Los dos productos han visto cómo sus precios bajaban en las últimas semanas. Al mismo tiempo que se disparaban los de las importaciones.

Así están las cosas con la situación actual. Es decir, un brote que es el peor de la historia porque ha afectado a más de ocho mil personas de las que han muerto casi 4.500. Pero las previsiones que ha dado la Organización Mundial de la Salud esta semana avanzan una situación mucho peor. Según la OMS, si el brote no se controla en los tres países de África Occidental, a principios de diciembre el ritmo de contagios podría llegar a 10.000 a la semana.

Si eso ocurriera, es decir, si no se consigue detener la extensión del virus, un estudio realizado el pasado mes de agosto por el centro para el  control de enfermedades contagiosas de Estados Unidos, el CDC, calculaba que en enero podría haber 1,4 millones de contagiados en todo el mundo. De confirmarse estas cifras, los estudios prospectivos realizados hasta el momento deberían ser revisados por completo y los 32.600 millones de dólares que estimaba como pérdidas el BM en el peor escenario podrían crecer.

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