Adiós al superministro que modernizó la economía

Fallece en Madrid a los 75 años Miguel Boyer, el hombre que expropió Rumasa a los Ruiz-Mateos

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Isabel Preysler, en el tanatorio de Miguel Boyer El ex ministro murió de una embolia pulmonal

redacción / la voz

Miguel Boyer, primer ministro de Economía de Felipe González, falleció a mediodía de ayer en Madrid a los 75 años de una embolia pulmonar, y después de haber sufrido en el 2012 un ictus que le dejó importantes secuelas físicas.

Nacido en 1939 en la localidad francesa de San Juan de Luz, a donde sus padres, republicanos, tuvieron que exiliarse huyendo del régimen franquista, Miguel Boyer Salvador se ha ganado a pulso un lugar en la historia de España. Estuvo en el cargo apenas tres años (1982-1985), pero su gestión cambió para siempre el semblante de la economía española. Bajo su batuta alumbró el Gobierno socialista una batería de medidas que supusieron la modernización de una economía anquilosada tras años de dictadura. Entre ellas, el ya famoso decreto Boyer de liberalización de horarios comerciales y actualización de alquileres.

Suyos son también el germen del contrato temporal, la reconversión industrial y aquella primera reforma de las pensiones que le costó al PSOE la ruptura con UGT. Actuaciones, todas ellas, alejadas del ideario -y el programa electoral- socialista, que le granjearon las críticas del ala más radical de su partido.

Sin arrepentimientos

Conocido por el sobrenombre del superministro después de que González pusiera bajo su mando las carteras de Economía, Hacienda y Comercio, a Miguel Boyer se le recordará, sobre todo, por la expropiación, en 1983, del grupo Rumasa, el mayor conglomerado empresarial de la época. Una decisión esta de la que nunca se arrepintió.

Para el recuerdo quedan aquellas imágenes del presidente de Rumasa, José María Ruiz-Mateos, atacando a Boyer al grito de «¡qué te pego leche!». Ayer, el empresario jerezano -quien durante años persiguió al exministro disfrazado de Superman o de presidario, entre otras excentricidades- lamentaba la muerte del enemigo y expresaba sus condolencias a la familia, a pesar del «gran calvario sufrido» con la expropiación.

Enemistad con Guerra

Nunca tuvo Boyer lo que se dice una buena relación con el otro gran peso pesado del Ejecutivo de González: el vicepresidente Alfonso Guerra. Y, fue precisamente esa enemistad mal disimulada y la oposición de Guerra a que fuese nombrado vicepresidente de Asuntos Económicos lo que forzó su salida del Gobierno. Lo sustituyó su gran amigo Carlos Solchaga, quien ayer loaba la figura de «uno de los políticos más importantes de la Transición» y de un «intelectual completo».

Tras muchos desencuentros, Boyer rompió sus lazos con el PSOE en 1996. Vendría entonces su sonado acercamiento al PP de José María Aznar, cuyo programa económico apoyó públicamente. El divorcio llegaría con la guerra de Irak. Y, en el 2011 volvió a acercarse a la familia socialista poniendo su experiencia a disposición de José Luis Rodríguez Zapatero, ya en la Moncloa, como presidente de la Comisión Asesora de la Competitividad.

En el plano personal, el exministro sorprendió a todos cuando, en 1985, y tras dejar el ministerio, salió a luz su relación con Isabel Preysler, la reina del papel couché. El idilio comenzó de forma clandestina cuando ambos estaban aún casados: él con la ginecóloga Elena Arnedo, con la que tenía dos hijos (Miguel y Laura); y ella, con Carlos Falcó, marqués de Griñón. Se unieron formalmente en enero de 1988 y, en abril del año siguiente nacía su única hija en común, Ana Boyer Preysler. Han estado juntos casi 30 años.

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