El modernizador de la banca

Entre lo posible y lo probable, casi siempre sucede lo inesperado... excepto en el Santander


Entre lo posible y lo probable, casi siempre sucede lo inesperado... excepto en el Santander. El repentino fallecimiento de Emilio Botín ha precipitado el cambio al frente del Grupo Santander con la máxima celeridad. Sin embargo, dicha rapidez en la decisión no tiene nada de improvisación. Hace muchos meses que en la cúpula de la entidad se vienen produciendo movimientos que solo podían ser interpretados en clave de relevo. Desde el nombramiento del nuevo consejero delegado, Javier Marín, hasta los subsiguientes  del responsable de banca comercial global, Javier San Félix, la reorganización del área de recursos humanos, organización y costes, y la creación de la división Santander España. Movimientos todos que apuntaban a un cambio estructural profundo en la concepción misma del modelo de negocio. También habíamos interpretado algún movimiento en Santander UK, tras la fusión con Banesto, en clave de ir preparando la llegada a la presidencia del grupo de Ana Patricia Botín.

Emilio Botín ha sido un banquero de estirpe, que supo llevar adelante un proyecto personal que a muchos se les antojaría imposible: convertir un banco local sin apenas implantación en el país, con unos centenares de oficinas y pocos miles de trabajadores, en el primer banco de España y una entidad de referencia a nivel mundial, con  implantación en más de 20 países, cerca de 18.000 oficinas y 200.000 personas en todo el mundo.

Es innegable la aportación de Emilio Botín a la modernización definitiva de la banca en España. Dinamitó el oligopolio de los 7 grandes heredado de la dictadura, introduciendo la competencia real.

Fue pionero, asimismo, en la diversificación internacional, que a la postre se ha demostrado como la mejor garantía de sostenibilidad del banco ante las adversidades económicas globales y locales. Y ha sido un defensor a ultranza de la españolidad de la marca, en tiempos en los que ser un banco español ha estado muy penalizado.

Igualmente importante ha sido su papel en la reordenación del sistema financiero español, a través de acuerdos con las organizaciones sindicales. Más allá de la discusión permanente entre empresa y sindicatos, tanto en el banco como en el sector  se ha consolidado un marco estable de relaciones laborales que ha apostado por los compromisos intergeneracionales, con salidas no traumáticas y generación de nuevo empleo, así como por la mejora de condiciones laborales como la libranza de los sábados o la externalización de los compromisos por pensiones, haciéndolo compatible con la eficiencia y rentabilidad del negocio.

También era Botín un hombre cercano en el trato, alejado de escándalos personales y de imágenes de boato y ostentación y que nunca rehuyó una discusión sobre temas conflictivos. Como anécdota, recordaremos que, en una visita a Bilbao, durante una protesta que el sindicato realizaba en la oficina principal, salió a la puerta y preguntó por el motivo de las quejas. «Mándenmelo por escrito que lo hablaré con el jefe de personal», les prometió. Y cuando veía comunicados del sindicato con grandes manchetas rojas comentaba socarrón: «Al menos utilizan el mismo color corporativo...»

Sin duda Botín ha sido una persona controvertida, y junto a sus éxitos empresariales también ha vivido polémicas reputacionales: su amparo al anterior consejero delegado, Alfredo Sáenz, cuando la presión de la Justicia sobre él se hacía insostenible, las dudas sobre las cesiones de crédito, e incluso sus discrepancias con Hacienda, han planeado también sobre su gestión.

Para CC.OO., el nombramiento de Ana Patricia Botín garantiza la estabilidad institucional que permitirá al Santander mantener el liderazgo en el sistema financiero. Liderazgo que debe traducirse en dinamizar el sistema económico a través del crédito, función social con la que deben cumplir las entidades. Y todo ello, en un entorno laboral que debe seguir apostando por el empleo y las condiciones de los trabajadores y las trabajadoras de la entidad.

José María Martínez es secretario general de la Federación de Servicios de CC.OO. y Miguel Periáñez, secretario general del sindicato en el Banco Santander

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