Ence cancela su planta de Huelva con su futuro en Lourizán todavía en el aire

La fábrica onubense frena la producción de celulosa al dejar de ser competitiva

Vista aérea de la planta de Ence en la ría de Pontevedra, cuya concesión acaba en cuatro años.
Vista aérea de la planta de Ence en la ría de Pontevedra, cuya concesión acaba en cuatro años.

Pontevedra / la voz

Varios años de malos resultados económicos, pérdida de competitividad y la adaptación a las consecuencias de la nueva política energética del Estado -que ha retirado las primas a la cogeneración- han forzado al grupo Ence a cerrar la producción de celulosa en Huelva. El grupo pastero transformará esta planta en un parque de energía renovable, liderando el sector de la biomasa en Andalucía.

Las consecuencias para la planta gallega del grupo, en Pontevedra, están por determinar porque, aunque en principio se podría interpretar que este cese de la producción de celulosa en el sur español consolida el papel de la factoría de Lourizán, no tiene por qué ser así necesariamente. En el caso pontevedrés, hay un factor que frena las inversiones millonarias previstas para modernizar este complejo, y que además puede acabar beneficiando a la tercera planta del grupo, la de Navia (Asturias), con respecto a la de Lourizán, tradicional puntal de esta empresa.

La cuestión que inquieta en Ence, como lo ha transmitido de forma reiterada en los últimos meses a instancias oficiales y a la opinión pública, es qué va a pasar con la prórroga de la concesión de Demarcación de Costas que remata en el 2018. Sin tener garantizada esa concesión más allá de ese límite, no tiene sentido una inversión que modernice la fábrica, porque no podría amortizarla. Y sin esta puesta a punto del servicio de la factoría, Ence Pontevedra se arriesga a perder el carro de la competitividad y si más adelante se le otorga esta prórroga, podría serle bastante difícil recuperar la posición que ocupa en el ránking mundial de la producción de pasta de papel.

Riegos de viabilidad

Las cifras aportadas por Ence en julio no dejan lugar a dudas sobre los riesgos de viabilidad de Pontevedra. Esta incertidumbre sobre su futuro no solo ha frenado la recepción de inversiones, sino que las ha derivado a la única planta que, a día de hoy, cuenta con todas las bendiciones sociales y políticas, la de Navia. El complejo asturiano percibió en el primer semestre de este año 11,5 millones de euros, a los que se añadirán próximamente otros 11,9 millones. Esta inversión, que supera los 23 millones tiene como fin, según indicó la pastera en su momento, «asegurar su competitividad y su funcionamiento». Si la continuidad de Lourizán estuviese en el horizonte previsible más allá de dudas, entonces parte de esta inversión se hubiese realizado en la ría de Pontevedra.

Es precisamente un problema de competitividad lo que echó el candado a la celulosa de Huelva. En su comunicado de ayer, el grupo energético señalaba que la escasez de madera de eucalipto en Andalucía obligaba a traerlo desde el norte de España o a importarlo, con altos sobrecostes. Con la retirada de las primas para la cogeneración, la caída de los precios de la pasta y la evolución del mercado, no quedó otro remedio más que reconvertir la onubense, con el aliciente del compromiso de preservar todos los puestos de trabajo, una circunstancia sobre la que no existe ningún acuerdo en Lourizán.

En este escenario, en círculos empresariales y del sector forestal gallego -el gran suministrador de madera para Ence-, la necesidad de que se despeje qué va a pasar más allá del 2018 es una inquietud creciente.

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