Uno de cada diez trabajadores españoles están en riesgo de pobreza

Los ocupados que cobran por debajo del sueldo mínimo se han duplicado. España es el país en el que más se ha incrementado la brecha salarial en toda la Unión Europea


«Desafortunadamente, no podemos decir que tener un trabajo equivalga hoy a tener un nivel de vida decente». Este diagnóstico descarnado sobre los efectos de la precarización del mercado laboral tras el estallido de la crisis no salió de la boca de un sindicalista ni del líder de alguno de los partidos rupturistas emergentes. Su autor es nada menos que el comisario europeo de Empleo, Laszlo Andor, que expresaba su preocupación por un fenómeno, el de los trabajadores pobres, que si bien no es nuevo, sí está creciendo de una forma directamente proporcional al incremento de la temporalidad, los contratos por hora y los recortes en las nóminas.

En la actualidad, según los informes de la oficina estadística comunitaria Eurostat, uno de cada diez españoles que pueden presumir de tener un empleo están oficialmente en riesgo de pobreza. Son el 10,5 % de los ocupados cuyos ingresos anuales no llegan al 60 % de la mediana salarial en España. Traducido a euros, y con los datos de la última encuesta de estructura salarial en la mano, los que ganan menos de 11.424 euros al año.

Una cifra que en toda la Unión Europea solo superan Rumanía, Grecia, Polonia e Italia. Y eso gracias a un cambio en la estadística española que ha permitido que la cifra oficial de trabajadores pobres en nuestro país fuese en el 2013 más baja que en el último año de bonanza (10,2 % en el 2007) y se redujese en casi dos puntos respecto al último ejercicio en el que se aplicó la antigua metodología. Un año en el que solo Grecia y Rumanía presentaban datos más desoladores que los españoles.

El debate, ahora que las estadísticas arrojan por fin algo de luz y apuntan una tenue recuperación de parte del empleo destruido durante seis años de crisis, se centra en las condiciones de los nuevos puestos de trabajo y si estos serán pegamento suficiente para ir cerrando una brecha de desigualdad sin precedentes. «Incluso si el paro se reduce gradualmente, como se prevé, esto podría no ser suficiente para revertir el crecimiento de la pobreza, especialmente si la polarización salarial continúa, sobre todo por el aumento del empleo a tiempo parcial», advertía el comisario Andor. Y los datos le dan la razón.

Subempleo

No hace falta más que echar un vistazo a la última encuesta de población activa que, pese a la fuerte creación de empleo en el segundo trimestre del año, trasluce algunos datos preocupantes. Y es que no solo sigue engordando el colectivo de subempleados, aquellos asalariados a tiempo parcial que trabajan menos horas de las que desearían para poder cobrar un sueldo más decente -una situación en la que se encuentran más de 2,4 millones de trabajadores en España, un 50 % más que antes de la crisis-, sino que el grueso de los nuevos contratos son a tiempo parcial. De hecho, hay 1,2 millones de personas que no trabajan ni 20 horas a la semana, la mitad de la jornada estándar (un 20 % más que en el 2008), mientras que el colectivo de los contratados por 40 o más horas semanales se ha desplomado cerca de un 28 % en este mismo período. Hoy son 8,9 millones de personas; hace seis años frisaban los 12,3.

Y si las jornadas son menores -sobre el papel-, las remuneraciones también han encogido de forma proporcional, al menos para los trabajadores más castigados por la crisis. Uno de cada ocho españoles con empleo no ingresa más que el salario mínimo interprofesional, esto es, cobran menos de 9.036 euros al año, con la hostelería, el sector primario y el servicio doméstico como los principales nichos de trabajo precario. Hace ocho años, esa proporción era exactamente la mitad que ahora.

Pero como la factura de la crisis no se ha repartido por igual, la precarización de las condiciones de trabajo, especialmente para los nuevos contratados, ha derivado en un incremento de la brecha salarial, hasta convertir a España en el país con más desigualdades de toda la Unión Europea. En el 2013, la remuneración del 20 % de los trabajadores mejor retribuidos del país fue 6,3 veces mayor que la del 20 % peor pagado. Y eso, de nuevo, gracias aun cambio estadístico, puesto que el año anterior la ratio era de 7,2, el doble que en Holanda o Finlandia, los países más igualitarios.

Reparto de la riqueza

En un reciente estudio, el economista del Banco Central Europeo Philip Vermeulen estima que el 1 % de los hogares españoles más acaudalados controlan un 15 % de la riqueza nacional, mientras que si se amplía la muestra al 5 % de los familias que ocupan el estrato superior de la distribución por renta, les correspondería una porción de la tarta mucho mayor, ya que tendrían en sus manos un tercio del patrimonio de los hogares españoles.

Vermeulen, que quiso ir más allá de la estadística oficial para medir las desigualdades en el reparto de la riqueza en las principales economías del mundo, incorporó datos obtenidos de otras fuentes, como el ránking de las grandes fortunas que cada año elabora Forbes. En el caso de España, no supuso un gran salto, con una variación de apenas un punto. Sin embargo, para Alemania, el cambio es sustancial, ya que si hasta ahora se creía que el 1 % de los hogares germanos controlaban un 24 % de la riqueza del país, el estudio del economista del BCE eleva esa cifra hasta el 33 %, más del doble que en España.

Un economista del BCE estima que el 5 % de los hogares españoles concentran un tercio de la riqueza

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