Galicia ha perdido un tercio de los afiliados extranjeros que había antes de la crisis

Solo representan un 3,2 % de su mercado laboral, la cifra más baja de toda España


Redacción / La Voz

No son los españoles, especialmente los más jóvenes, los únicos que en estos años de crisis han hecho las maletas por la falta de oportunidades laborales en su país. La destrucción masiva de empleo y el deterioro de las condiciones de trabajo han hecho que, ya sea por el paro o por la vuelta de muchos de estos emigrantes a sus países de origen, la Seguridad Social haya perdido en solo seis años una cuarta parte de los afiliados extranjeros. Un colectivo que superaba los dos millones (2,15 concretamente) en mayo del año 2008, cuando nadie presagiaba la profundidad de la recesión que se avecinaba, y que en el mismo mes de este año había quedado reducido a apenas 1,6 millones de personas.

En el caso de Galicia la pérdida de trabajadores foráneos es todavía más acusada, ya que son 14.318 los extranjeros que han dejado de cotizar en este período, un 32,8 % de los que lo hacían hace ahora seis años.

Y la tendencia está lejos todavía de estabilizarse, como demuestra un informe publicado ayer por la empresa de recursos humanos Randstad, que subraya que el peso de este colectivo en el conjunto del mercado laboral descendió el año pasado en todas las autonomías, salvo en Aragón y Extremadura. De esta forma, en el conjunto de España, la ratio de trabajadores extranjeros sobre el total de afiliados cayó en el último ejercicio por debajo del 10 % por primera vez desde el 2007, al situarse tres décimas por debajo de esa barrera. Una cifra que triplica la tasa de Galicia que, con un 3,2 %, es la comunidad con menos presencia de foráneos en las plantillas de sus empresas, después de que el colectivo se redujese un 4,6 % adicional el año pasado.

Randstad señala al sexo como uno de los factores que más han condicionado la empleabilidad de los extranjeros en estos años de crisis. Y es que si un tercio (33,2 %) de los hombres no españoles que estaban empleados en mayo del 2008 se han visto expulsados del mercado laboral en este período, entre las mujeres la caída es apenas la tercera parte (un 12,9 %) y su peso sobre el total del colectivo ha ascendido del 40 al 46,6 %.

Como en el caso de los nacionales, la construcción es el sector que más ha contribuido al desplome de los afiliados foráneos en estos seis años. En el caso de Galicia, son 7.236 los trabajadores de otros países que han dejado sus puestos en empresas del ladrillo, más de tres cuartas partes de los que estaban contratados en mayo del 2008. Le siguen, a gran distancia, la industria manufacturera (con un desplome del 47 %) o la hostelería (donde la caída es del 23,6 %).

Dispuestos a emigrar

La otra cara de la moneda la ofrecen los cerca de 80.000 españoles que el año pasado tuvieron que salir del país para buscar una nueva oportunidad laboral en el extranjero. Y es que, según un estudio divulgado ayer por Adecco e Infoempleo, seis de cada diez nacionales (59 %) están dispuestos a emigrar por motivos laborales, aunque el porcentaje, quizás por aquello de la incipiente recuperación que se pregona a bombo y platillo, se reduce en seis puntos respecto al ejercicio anterior.

Oportunidades hay. El 1,6 % de las ofertas de trabajo que se generan en España se corresponden con empleos en el extranjero. Alemania, la gran locomotora de la eurozona y una de sus pocas economías sanas, sigue siendo el país que más mano de obra española demanda. En concreto, el año pasado el 19 % de las ofertas llegaron de allí, muy por encima del Reino Unido (10,2 %) o Francia (9,4).

Las empresas foráneas buscan, principalmente, mandos y directivos españoles. A ellos van dirigidas más de la mitad de las ofertas que se registraron en el 2013. Otro 40 % está enfocado a perfiles técnicos, mientras que las oportunidades para empleados con poca cualificación son mínimas, ya que solo un 5 % demanda trabajadores de categoría básica.

El industrial, la construcción y el energético son los sectores que tienen más en el foco a los profesionales españoles, por el know how acumulado, mientras que estos, para decidirse a emigrar, sopesan el salario, las condiciones laborales y la posibilidad de desarrollar una carrera profesional.

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