El empleo se recupera en precario

Los primeros datos positivos de afiliación en casi seis años descansan en un incremento de los contratos temporales y las jornadas a tiempo parcial


Redacción / La voz

«La creación de empleo ha llegado para quedarse», proclama un día sí y otro también la ministra de Empleo, Fátima Báñez. Lo hace asida a los datos de afiliación a la Seguridad Social, que en febrero arrojaron su primer incremento interanual tras 68 meses en caída libre y que en mayo apuntaban ya a la creación de 261.361 puestos de trabajo respecto al mismo mes del año anterior. Pero, ¿de qué calidad?

El Gobierno asume en sus previsiones macroeconómicas la progresiva precarización del mercado laboral. Así, en la actualización del programa de estabilidad remitido a las autoridades comunitarias, el Ejecutivo estima que en diciembre del 2017 habrá 1,15 millones de ocupados más que a finales del año pasado. Sin embargo, en el mismo período solo se crearán el equivalente a 905.000 empleos a tiempo completo, un 21,2 % menos, lo que avanza que en los nuevos puestos que se creen serán cada vez más habituales las jornadas a tiempo parcial.

De hecho, si la brecha entre ocupación y empleos a tiempo completo era del 8,8 % a finales del 2013, para cuando acabe el 2017 esta ratio se habrá incrementado en un punto.

«Se ha producido un crecimiento de la contratación a tiempo parcial, fomentado por varias reformas normativas del Gobierno», certifica Eduardo Rojo, catedrático del Derecho del Trabajo de la Universidad Autónoma de Barcelona, que recuerda que «hay un volumen importante de ocupados que se consideran subempleados, es decir, que desearían trabajar a tiempo completo».

En esta situación se encuentran, según la última encuesta de población activa (EPA), 2,43 millones de trabajadores españoles -117.000 en Galicia-, casi un 11 % más que en el primer trimestre del 2011, primer dato disponible en la serie histórica. Ocupados que en la actualidad trabajan, de media, 22,5 horas a la semana (un 9,3 % menos que hace tres años), pero que desearían una jornada laboral de 41 horas para cobrar más a fin de mes.

Auge de las jornadas parciales

Un reciente informe de la Fundación 1º de Mayo alertaba de que los cambios normativos en los contratos a tiempo parcial, que permiten incrementar hasta en un 90 % la jornada base (entre horas complementarias y las, en teoría, voluntarias), han implantado de facto una «jornada laxa» en la que el trabajador debe estar a disposición de la empresa casi el doble del tiempo pactado, sea requerido finalmente o no, y sin saber cómo repercutirá en su nómina. Pero, además, apunta que estos cambios han derivado en la sustitución de empleados con jornada completa por otros con flexibilidad horaria casi total.

Ahí están los datos de la EPA, que certifican que los asalariados del sector privado con jornada parcial han aumentado un 2,4 % en dos años (un 31,3 % en el caso de los que trabajan menos de diez horas, con un incremento de 103.026 personas), mientras que los de jornada completa caen un 12,6 % (1,1 millones menos). Así, en el mismo período, los asalariados a tiempo parcial pasaron de suponer el 22,6 % de todos los trabajadores de la empresa privada al 25,4 %.

Trabajadores pobres

A esto hay que añadir que el crecimiento neto de la afiliación en el último año en el régimen general -excluyendo los sistemas especiales, agrario y de empleados del hogar- corresponde a contratos temporales (con un incremento interanual de 253.443 en mayo, frente al descenso de 65.064 en los indefinidos), lo que lleva a Maica Bouza, secretaria de Empleo de Comisiones Obreras en Galicia, a alertar de que «estamos asistiendo a un fenómeno que es el de los trabajadores pobres: tener un empleo ya no garantiza un salario que te permita desarrollar tu vida en condiciones dignas», consecuencia, dice, de las últimas reformas laborales, de la falta de implicación del Gobierno y de que los empresarios «hayan hecho de la crisis una excusa para maximizar beneficios».

Sin embargo, no son pocas las voces que defienden que no hay grandes diferencias entre el actual modelo de relaciones laborales y aquel con el que se superó la anterior crisis, a mediados de los noventa. Una de ellas es la de Juan José Dolado, catedrático de Economía en el Instituto Universitario Europeo de Florencia, que entiende que el único elemento diferencial es la acusada devaluación salarial, que explica que ahora se consiga crear empleo sin necesidad de que el PIB crezca en tasas cercanas al 2 %, el umbral que se manejaba hasta ahora.

Dolado cree que la dualidad no se solucionará «mientras no arreglemos la diferencia en los costes del despido» entre indefinidos y temporales, para lo que aboga por reducir de forma drástica los 44 modelos de contrato actuales e implantar un único indefinido, con indemnización creciente en función de la antigüedad.

Simplificar la contratación es una de las apuestas también del presidente de la Confederación de Empresarios de Galicia, José Manuel Fernández Alvariño, que enfatiza que desde la patronal «no ponemos apellido» al empleo, sino que lo importante es que las empresas puedan seguir contratando e incorporar a los parados al mercado laboral, «porque, sea por cuatro o por seis meses, los sacas de la masa que está desafectada», al tiempo que aboga por subir los salarios en aquellos sectores que estén en condiciones de hacerlo, para estimular la demanda privada.

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