Como una vieja locomotora


Después de tantos años definiendo las lacras que mutilaban a la economía española, resulta extraño que estemos en un punto en el que solo se hable de energías y motores ¡Cómo ha cambiado esto! La UE se ha unido a esta ola de optimismo y ya prevé, para el 2014, un crecimiento similar al diagnosticado por el Gobierno, incluso, para el 2015, va más allá y deja pasar por cenizos a los técnicos de Economía. Curioso que en tiempos electorales las previsiones más generosas no vengan de fuentes gubernamentales, pero el entorno macroeconómico está mutando con tanta rapidez que lo que ayer era optimismo exagerado hoy es fría previsión. La realidad está superando a la ficción ¿Y por qué? Por la fuerza de la certidumbre económica. Ahí reside todo. La destrucción de un tercio de nuestro tejido económico hizo algo más que destruir riqueza, atemorizó al capital. Pero no al de las grandes fortunas, no, a ese no hay quien lo asuste; le metió el miedo en el cuerpo a los millones de personas que aun manteniendo su poder adquisitivo se sienten profundamente vulnerables. Esta parte sana de nuestra economía está agarrando confianza y según se yergue aleja los peores augurios. Le digo esto y quizás no me crea, pero déjeme que le indique que tenemos cerca de medio billón de euros en cuentas a plazo, una cifra que ha ayudado a que la riqueza familiar esté en niveles del 2006.

España está emulando, al arrancar, a un vieja locomotora diésel. Hay que calentarla previamente para que eche a andar; pero cuando lo haga, su propia inercia la hará tomar velocidad. Iniciamos la recuperación gracias al sector exportador y al fin de dos amenazas, las quiebras del Estado y de la banca. La velocidad, necesaria para generar empleo, vendrá de dos mejoras que ya se han empezado a vislumbrar: la del consumo de bienes duraderos y la de la inversión en bienes de equipo. A lo anterior hemos de sumar tres variables positivas y no contempladas en la mayoría de los pronósticos: el incremento ya iniciado en la recaudación tributaria, la reducción del coste medio de la deuda pública y una potencial depreciación del euro.

¿Nubarrones? Las economías emergentes y, en especial, Brasil. En el exterior está el salvavidas que ha permitido que muchas empresas no se hayan ahogado, pero también en los mercados internacionales residen las amenazas que podrían acabar llevándonos a otro letargo económico.

Venancio Salcines es presidente de Escuela de Finanzas.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
18 votos

Como una vieja locomotora