Europa, ¿ajuste o austericidio?

Francia ha sido la última gran potencia de la Unión Europea que se rinde al recorte implacable del gasto público. Antes lo hicieron otros países, algunos de ellos rescatados a cambio de severos ajustes; otros como Alemania y Holanda también han intervenido en sus cuentas


Bruselas

La austeridad aterriza para quedarse en París. De norte a sur, Francia es la última gran potencia que cae presa de los grandes planes de ajuste y reformas estructurales que exige el pacto de estabilidad impuesto desde Bruselas. El acuerdo, en vigor desde el 1 de enero del 2013, fija la barrera del déficit en el 3?% y la deuda en el 60?% del PIB. Su calendario frenético y la persistente debilidad económica empujan al país galo a exigir de nuevo flexibilidad en los recortes.

Francia, el último de la fila. De nada le ha servido a su presidente, François Hollande, agazaparse tras sus socios para ganar más tiempo y evitar una sangría en los presupuestos públicos del país. Francia deberá recortar 50.000 millones de euros en los próximos tres años y alcanzar el objetivo de déficit del 3?% para el año 2015. El pasado año no cumplió y Bruselas advierte: «Ya se ha beneficiado de dos prórrogas y no hay motivos para una tercera».

Se baraja un tijeretazo del 40?% al sistema de protección social (11.000 millones de euros) y la sanidad (10.000 millones de euros). Medidas como la congelación del sueldo de los funcionarios, las pensiones y prestaciones sociales. Las partidas destinadas a las Administraciones disminuyen en 11.000 millones.

Las exportaciones han perdido peso en su PIB y los ocho trimestres consecutivos de estancamiento económico indican que algo no funciona. Las reformas que emprendió en el mercado laboral para ganar competitividad no están teniendo efecto.

En el 2010, Francia anunció la congelación del sueldo de los funcionarios. En el 2011, el aumento en la edad de jubilación de 60 a 62 años para el 2017, el incremento de un 5?% en los impuestos corporativos y una subida del IVA del 5,5?% al 7?% para algunos productos. La gran sorpresa llega en el 2012 cuando Hollande admite que habrá que ajustar 30.000 millones de euros. ¿Quién soportará la carga? Educación, Seguridad y Justicia asumen un recorte de 10.000 euros. Otros tantos las familias y las empresas. Ese mismo año también anuncia el célebre «impuesto de los ricos», una tasa del 75?% a las rentas de más de un millón de euros.

Los países del sur de Europa conocen bien la angustia de adelgazar a marchas forzadas el aparato del Estado para hacer frente a sus deudas. Pero nadie está por la labor de guerrear en Bruselas para conseguir que se le dé trato de favor a Francia. Tampoco sus socios del norte. Allí también han oído hablar de los ajustes. La austeridad no es una marca exclusiva del sur.

 

Alemania, paladín de los recortes. El primer destino recomendado para trazar el mapa de los recortes en la Unión Europea es Berlín. Desde allí se lanzaron las primeras proclamas a favor de los planes de austeridad y se exigió poner un corsé al gasto público de los países empantanados en rescates. En el año 2010, mientras Grecia e Irlanda solicitaban ayuda financiera, Alemania anunciaba su propio plan de ajuste: 80.000 millones de euros en cuatro años.

Para la primera potencia económica de la UE fue asumible. Solo en el 2008 ofreció un plan de rescate a la banca de 470.000 millones de euros.

El Gobierno germano recorta el déficit en un solo año del -4,2 % al -0,8 %. ¿Cómo lo hace? Pone en marcha su plan. En él se incluyen recortes sociales, que afectan directamente a los parados de larga duración y a las familias. Reducción de la plantilla de funcionarios en 15.000 personas y de soldados en 40.000 hasta el 2014. Recortes en infraestructuras, suspensión de la subida en la paga de Navidad y gravamen a las compañías energéticas para compensar la prolongación de la vida de las centrales nucleares hasta el 2020. También se aprueba un impuesto ecológico sobre el transporte aéreo y se anuncia otro a las transacciones financieras.

En el 2013 un nuevo ajuste por 6.000 millones de euros. Se recorta el gasto en todas las carteras y de nuevo se mete la tijera en el fondo de Sanidad. Cierran el año con el 0 % de déficit y aunque el PIB se ha resentido y baja tres décimas hasta el 0,4?%, las cifras de desempleo y deuda mejoran.

Los recortes también se hacen notar en las relaciones comerciales. La cuenta corriente germana registró un superávit consecutivo del 7 % entre el 2012 y el 2013. Pero ese gran ahorro no fue acompañado de políticas fiscales expansionistas. La contención del gasto público y los salarios moderados hicieron contraer la demanda interna y eso dificulta la exportación de sus socios y la salida de la crisis.

Holanda el halcón cazado. La parada en los Países Bajos es obligada. Durante los peores años de la crisis se erigió como uno de los llamados «halcones de la austeridad», junto a Alemania, Austria y Finlandia. Pero los malos vientos en el sur llegaron a sus puertas a comienzos del 2013.

Holanda ya había afrontado un plan de ahorro de 46.000 millones de euros vigente desde el 2010. El paquete incluía recortes en la deducción fiscal de las hipotecas por viviendas, alargar la jubilación a los 66 años, aumento de impuestos, acotar las prestaciones por invalidez y el copago sanitario. Pero el contagio de la crisis en la eurozona afecta de lleno a su economía. El PIB acumula una caída del 2 % en los dos últimos años, descienden los ingresos y el desempleo sigue ascendiendo. Solo las exportaciones, motor de Holanda, salvan el tipo.

Existe la perspectiva de incumplir el objetivo de déficit del 3 % para el 2013 y pide más tiempo a Bruselas para ordenar sus cuentas.

Se le concede un año más a cambio de medidas. El primer ministro holandés, Mark Rutte, anuncia recortes adicionales por 6.000 millones de euros en los presupuestos públicos: Reducción de las ayudas sanitarias, las prestaciones al desempleo y pensiones. Además se eliminarán 15.000 empleos públicos y se acometerán reformas en el sector de la vivienda.

A todo ello hay que sumarle los apoyos que destinó a los bancos y que pesan sobre la deuda. En el 2008 el Estado salió al rescate de ING, ABN Amro, Aegon y SNS Reaal con 40.000 millones de euros.

Bélgica, mejor sin gobierno. Paradójicamente el país que alberga las principales instituciones de la UE fue el último en sumarse a la ola de austeridad. Estuvo un año y medio sin Ejecutivo tras las elecciones del 2010. Tiempo suficiente para mejorar el PIB, el paro y el déficit. La deuda pública no tuvo tanta suerte.

El aterrizaje del socialista Elio di Rupo en el poder devolvió al país a la realidad de los ajustes. En el 2012, huelga nacional para rechazar los recortes. Concretamente en la reforma de las pensiones: Restricción de la jubilación anticipada alargando período de cotización y equiparar pensiones del sector público al privado.

En el 2013 se sube el impuesto del tabaco y el alcohol un 8 % y se restringe el gasto en Sanidad y servicios públicos. Para rebajar la deuda también se ceden activos, se impone una tasa a los bancos y se recorta un 60 % del gasto en Cooperación al desarrollo y Defensa.

Para este año, Bélgica tiene pendiente aumentar la recaudación gracias a la amnistía fiscal decretada el pasado año, el aumento de los impuestos especiales, y el establecimiento de un impuesto mínimo de sociedades.

 

Reino unido, resistente a la tijera. No le tembló el pulso al conservador David Cameron al adelantar en el 2010 el mayor recorte del gasto público del Reino Unido desde el fin de la segunda Guerra Mundial. Ahorro de 95.000 millones de euros hasta el 2015. Ese año el país cerraba con el tercer déficit más alto de la UE (-10,1%).

Las medidas se traducen en la destrucción de hasta 490.000 empleos públicos, la liberalización y consecuente incremento de las matrículas universitarias, aumento de la edad de jubilación de 65 a 66 años para el 2020, reducción del subsidio por desempleo de larga duración, aumento del IVA del 17,5?% al 20?%, reducción de 49.000 empleos en el Ejército, recorte en el subsidio de vivienda y reducción del gasto en carteras, excepto Sanidad.

La resistencia de los británicos a los tijeretazos se puso a prueba de nuevo en el 2013. Nueva reducción presupuestaria para 2015-2016 de 13.500 millones de euros: Supresión de 20.000 empleos en la gestión del Sistema Nacional de Salud, límites a los subsidios, rebaja fiscal a las rentas altas del 50 al 45?% para aumentar ingresos, e incremento en el precio de las recetas.

El desempleo bajó igualmente del 8?% en el 2011 al 7,6?% en el 2013. El mercado laboral sigue resistiendo y la debilidad de las exportaciones se compensa con la fuerte demanda interna. Reino puso sobre la mesa en el 2008 un plan de rescate de 62.000 millones de euros para sus bancos tras el estallido de la crisis financiera.

España, el desempleo desbocado. La larga trayectoria de ajustes de España se remonta al año 2009 con la primera subida del IVA (2 % general y 1 % reducido) y la eliminación del cheque de 400 euros en el IRPF.

En los dos años posteriores, el Gobierno anuncia un plan de austeridad para ahorrar 50.000 millones de euros en cuatro años y rebajar el déficit, que se encuentra entre los más altos de la UE. También presenta la reforma de las pensiones que trae consigo un retraso de la jubilación de los 65 a los 67 años y aumenta de 15 a 25 los años para el período de cálculo de la pensión.

El 2012 es un año aciago. España entra en recesión (-1,6 % PIB), el déficit vuelve a dispararse hasta el 10,6?% por las ayudas a la banca, la deuda asciende y el desempleo alcanza el 25?%. Para hacer frente a ello, Mariano Rajoy trae de la mano los presupuestos más austeros de su historia: Recorte en el gasto de 8.900 millones de euros, baja un 40?% la inversión pública, congelación salarial, subida del IRPF por dos años, copago judicial, recorte en políticas de empleo, aumento del impuesto de sociedades y la controvertida amnistía fiscal.

Se pone en marcha la reforma financiera y la laboral. Abaratamiento del despido y la bajada generalizada de salarios para ganar competitividad.

España solicita en junio del 2012 el rescate para sus bancos. Se pone a su disposición 100.000 millones de euros bajo condiciones muy estrictas. El Gobierno acepta y anuncia recortes por 65.000 millones de euros hasta 2015 para poder hacer frente a la deuda: Subida del IVA del 18 al 21 %, reducción de las prestaciones por desempleo, eliminación de la deducción por compra de vivienda, privatización de servicios, reforma de las Administraciones... Todo sazonado con la reducción del gasto en los ministerios, especialmente doloroso en el de Sanidad y Educación.

El único indicador que evolucionó positivamente fue el de las exportaciones. El año pasado, España consiguió un superávit por cuenta corriente del 1,1 %. Sin embargo, Bruselas prevé que su crecimiento se retraiga en favor del consumo interno.

Italia, sumida en la incertidumbre. Silvio Berlusconi fue el primero en anunciar en el 2011 el primer gran plan de austeridad de Italia. Pronto, los 47.000 millones de euros previstos se convirtieron en 79.000 millones. La deuda pública supera ese verano el 120 % y se anuncian las medidas de ajuste: Recorte de 9.000 millones de euros y reforma en las Administraciones territoriales, congelación de los salarios de funcionarios hasta el 2014, retraso en la edad de jubilación de las mujeres de los 60 a 65 años, reducción de los tramos de 5 a 3 en el impuesto de la renta, más flexibilidad en el mercado laboral, liberalización de servicios profesionales y privatizaciones.

Una segunda oleada de ajustes por 54.000 millones de euros se anuncia en septiembre. Se incluye entre otras medidas la subida del IVA del 20 al 21%. Bruselas pide más: Reducción de la protección al trabajo y aumentar la recaudación.

El futuro de Italia es incierto y la atención está puesta sobre su abultada deuda que crecerá en el 2014 hasta el 133,7%, lastrando el crecimiento. El desempleo, que repuntó tras los ajustes más duros, hace que la demanda interna se contraiga. Las exportaciones, una vez más, están salvando los muebles en esta crisis económica.

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