El comercio que pudo con la posguerra y con esta crisis

Así son los negocios que siguen en la brecha después de cuatro generaciones


santiago / la voz

Tienen más de un siglo y desde sus ventanas han visto pasar de todo. Dos conflictos bélicos mundiales, la República, el alzamiento, la Guerra Civil, una cruenta posguerra, la dictadura. Y en el último lustro, la mayor crisis económica que muchos recuerdan. Desde el pasado año 2008, cuando estalló la recesión más larga de la democracia, han bajado la persiana en Galicia más casi catorce mil establecimientos, según los datos que maneja la Federación Gallega de Comercio (FGC). Pero hay puñado de negocios centenarios, historia viva en sus villas o ciudades, que han resistido al huracán y que han exhibido una encomiable capacidad de adaptación.

Recientemente reconocidos y premiados por la Xunta, estos establecimientos, gracias al relevo generacional, siguen en la brecha. Algunos por haber reorientado su negocio en base a las nuevas demandas de los clientes y, en muchos casos, por haber preservado el modo artesanal de hacer sus productos, un modo de singularizarse en los tiempos modernos. Ahí están, por ejemplo, la Farmacia Couceiro, en Betanzos, cuyo inicio se remonta a 1719 (es el local más antiguo del que hay datos), la Sombrerería Iglesias, en Compostela, que abrió sus puertas en 1912 y está ahora en manos de la tercera generación. O la Librería Cándido de Rianxo, que arrancó en 1904.

En la provincia de Pontevedra hay contabilizados hasta cinco establecimientos que pasan con mucho ya de los cien años y que tienen su origen a finales del siglo XIX. Es el ejemplo de Alimentación Alonso, en Tui, un negocio fundado en 1890, o de la Xoiería Villar de Cambados, abierta en 1880. Más antiguo incluso es el caso de Indalecio Moda, en Cangas, un negocio que lleva Chus García y que fundó su bisabuela en 1.860. Iniciados en el siglo XIX estarían también la panadería Manolo da Morena, en Laín, y la tienda de ropa A Moda D?Abaixo, en Pontevedra. En la lista de comercios centenarios gallegos hay negocios dedicados a los productos del campo, como Ricardo Terán, en O Barco; a la fotografía, como Schreck Fotógrafos, un establecimiento de Ourense fundado por un inmigrante alemán. O a la repostería, como Confitería Madarro, en Lugo, y Panadería Pallares, en Sarria.

Transucurrido lo peor de la crisis, con el consumo ya más reactivado, el comercio minorista ve el futuro con mayor optimismo. Los últimos del INE muestran que las ventas de los establecimientos en Galicia crecieron el pasado mes de febrero un 0,7 % en tasa interanual, mientras que en España redujeron su facturación en ese período un 0,4 %. «El 2014 va a ser algo mejor: hay más confianza del consumidor», sostiene José María Seijas, presidente de la Federación Galega de Comercio.

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