Dinero público para rescatar de la quiebra las autopistas de peaje

Ana Balseiro
Ana Balseiro MADRID / LA VOZ

ECONOMÍA

Cepsa pretende reducir plantilla y costes
Cepsa pretende reducir plantilla y costes .

Empresarios, concesionarias y banca no comparten el plan de Fomento

27 mar 2014 . Actualizado a las 12:43 h.

Cepsa anunció ayer que abre un proceso de consulta y negociación con los sindicatos para tramitar un ERE para un máximo de 250 trabajadores. Afectará a la plantilla de Madrid y a la de las refinerías de Huelva, Tenerife y Cádiz.

La misma desagradable sensación de que el negocio es privado cuando va bien, pero que cuando va mal es el Estado -y por ende, los contribuyentes- quien tiene que sufragar el flotador, vuelve a extenderse entre la ciudadanía desde que el martes trascendió el plan de Fomento para salvar de la quiebra a nueve autopistas de peaje, en concurso de acreedores. La fórmula del ministerio, que pasa por integrar las vías en una sociedad 100 % pública después de que la banca acreedora y las concesionarias asuman una quita del 50 % en la deuda de 4.600 millones de euros que arrastran estas infraestructuras, no parece convencer a nadie. Las entidades financieras tienen hasta el lunes para darle respuesta a Fomento. Pero ¿cómo se ha llegado a esta situación?

¿Qué autopistas son?

Hay nueva vías de peaje afectadas. Todas ellas están en concurso. Son: Cartagena-Vera, la AP-36 Ocaña-La Roda, la circunvalación de Alicante, la AP-41 Madrid-Toledo y las radiales de Madrid (R-2 Madrid-Guadalajara, R-3 Madrid-Arganda, R-4 Madrid-Ocaña, R-5 Madrid-Navalcarnero y la M-12, que enlaza Madrid con el aeropuerto de Barajas). Su tráfico medio diario ha caído en el arranque del año hasta un 52,3 %, según datos oficiales del ministerio. Las concesionarias -propiedad de las empresas constructoras de las vías, como Abertis, ACS, Ferrovial, OHL, Sacyr o Acciona-, se enfrentan a una negra situación económica, que las ha abocado al concurso de acreedores al sumarse los sobrecostes de las expropiaciones de los terrenos y el desplome del tráfico desde que estalló la crisis. Es decir, que lo que se vio como negocio redondo se ha convertido en un ataúd de números rojos y deudas.