Una etiqueta inteligente que sabe el estado de la comida

El sistema consiste en un código de colores sobre la evolución de un producto para su consumo. Solo cuesta un centavo de dólar


Las habituales etiquetas de los alimentos, cuya información incluye la fecha de caducidad y de consumo preferente -que tanta confusión provocan en los consumidores- parecen tener los días contados.

Las nuevas tecnologías y el resultado de varias investigaciones han dado como resultado un sistema que permitirá conocer el estado en que se hallan los alimentos desde que se ponen a disposición del consumidor hasta que ya no son aptos para su ingesta. Estos son algunos de los objetivos que se han marcado los inventores de una especie de chip que se incorporará al etiquetado de alimentos y otros productos perecederos capaz de alertar si una lata de conserva mantiene en óptimas condiciones la calidad del producto o si un zumo o la leche de un cartón pueden ser consumidos. Esta eficaz etiqueta inteligente, que vendrá incluida en el envase, también servirá para determinar si los medicamentos u otros productos perecederos siguen siendo aptos para su uso.

Un sistema que podría erigirse como la gran revolución del futuro en materia de consumo y al que ministros como Arias Cañete -y a sus tan polémicos yogures caducados- ahorrarían un sinfín de preocupaciones. Este tipo de precintos contribuir´´ian además a controlar en mayor medida el despilfarro de alimentos que , en el caso de España, el volumen de alimentos que se desperdician alcanza una media de 163 kilos por persona, lo que supone 7,7 millones de toneladas al año.

Los creadores de estas etiquetas aseguran que el cambio de color de las mismas será el principal indicativo del deterioro de la comida: «Esta etiqueta, que tiene una consistencia de gel que resulta realmente barata y segura, puede ser ampliamente programada para imitar casi todos los procesos de deterioro ambiental en los alimentos», explicaba el investigador principal del estudio, Chao Zhang, de la Universidad de Pekín, quien escogió la 247 Reunión Nacional y Exposición de la Sociedad Americana de Química celebrada esta semana para lanzar su revolucionario producto orientado al consumo.

Un invento que, según sus propias palabras, podría resolver el tan tedioso problema de saber cómo se encuentran los alimentos frescos perecederos empaquetados.

«Una verdadera ventaja es que incluso cuando los fabricantes, propietarios de la tienda de comestibles y consumidores no puedan saber si la comida ha sido expuesta indebidamente a temperaturas más altas -una de las mayores causas de su deterioro- este rótulo proporcionaría una información fiable sobre la calidad del producto», asegura Zhan.

Estas etiquetas, que son del tamaño de un grano de maíz, funcionan a través de un código de colores; de tal forma que el rojo anaranjado o rojizo indicaría que el alimento está fresco, y el naranja, amarillo y verde irían mostrando paulatinamente el hecho de que la comida se está empezando a estropear. «Los colores significan un rango de entre 100 % fresco y completamente en mal estado. Por ejemplo, si la inscripción muestra que el producto debe permanecer fresco durante 14 días en condiciones de refrigeración, pero el indicador es de color naranja significa que el producto ha agotado ya la mitad del plazo de conservación, por lo que el consumidor sabe que el alimento es comestible solo otros siete días más si se mantiene en unas buenas condiciones de frío», ilustra el experto chino.

una tecnología muy barata

Una tecnología así parece ser sacada de una película de ciencia ficción con ciertos tintes futuristas, pero lo cierto es que el coste de este revolucionario sistema es relativamente bajo. Estas etiquetas, que contienen diminutos nanorods metálicos, podrían costar menos de un centavo de dólar. «Los nanorods que utilizamos, compuestos de oro y plata, son inherentemente rojos, dictando el color inicial de las etiquetas», relata el experto, quien explica que el cloruro de plata y la vitamina C que también conforman estos indicadores, reaccionan de una forma lenta y controlada permitiendo el cambio del color de forma paulatina. «Con el tiempo, la plata metálica gradualmente se deposita en cada nanorod de oro, formando una capa de plata, que cambia la composición y forma la partícula química, por lo que el color de la etiqueta sería diferente. Debido a que la capa de plata se espesa con el tiempo, el color se desarrolla a partir del rojo inicial al naranja, amarillo y verde e, incluso, azul y violeta», expone.

Ante tales facilidades algunos ya buscan los «peros» que este hallazgo pueda traer consigo, y la primera pregunta que a muchos ha suscitado apunta directamente a la contaminación de sus componentes. Hasta para eso hay solución. «Los reactivos de las etiquetas no son tóxicos y algunos de ellos (como la vitamina C, el ácido acético, el ácido láctico y el agar) son incluso comestibles».

El consumismo controlado que estos sistemas permitirán en el futuro, parece ser la clave del desarrollo sostenible. ¿Será tan pequeño como una etiqueta el santo Grial del medioambiente?

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