El eterno rescate


Que no pocos políticos europeos empiecen a dar por hecho un tercer rescate a la economía griega, aunque sea por un montante mucho menor a los anteriores, muestra que la crisis de la deuda soberana en la eurozona no se puede dar aún por cerrada. Sobre todo porque no está descartada otra nueva operación de salvamento -en este caso la segunda- a Portugal. ¿Significa esto que volverá el lúgubre juego de dominó en el que se trata de esperar la caída de la siguiente pieza? No parece probable. Sobre todo, porque el entorno financiero general ha mejorado mucho en Europa como consecuencia de la acción del BCE en el último año, habiéndose roto -o al menos atemperado- la espiral perversa entre crisis de deuda y turbulencias bancarias.

Pero no hay duda de que estamos ante un problema sin resolver, que no afecta solo a Grecia: la deuda pública está en una tendencia insostenible en muchos países, y la política de ajustes convulsivos no solo no ha hecho nada por resolverla, sino que en cierto modo la ha agravado, al actuar como un lastre para la recuperación.

Además, la cercanía a la deflación no ayuda nada a la superación de ese problema. Habrá que ir pensando en medidas traumáticas para afrontarlo. Lo que quiere decir que no tardaremos en ver, en Grecia y en otras partes también, nuevas quitas en el valor de los contratos de deuda.

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