Navantia, que nació con vocación militar, se encomienda al civil

Además del buque hotel para Pemex, los astilleros ferrolanos negocian la construcción de un buque gasero para Gas Natural y ponen su esperanza en un concurso de Iberdrola para un macroproyecto de eólica marina


ferrol / la voz

Tras la crisis de la última reconversión, el Gobierno redimensionó por enésima vez los astilleros públicos españoles y los agrupó en Navantia, compañía que echó a andar en el 2005 con la vocación de convertirse en líder europeo de la construcción naval militar. Arrancó con una cartera de pedidos de 3.600 millones, que hoy en día se reduce a un tercio. En estos últimos nueve años, Navantia ha vivido las dos caras de la misma moneda. Consiguió suculentos contratos para la exportación -como el suscrito con la Armada de Australia- y cierra esta etapa con la paralización de sus astilleros de la ría de Ferrol, una situación inédita en décadas, y de la bahía de Cádiz.

Cuando comenzó, Navantia se volcó en la construcción militar, desechando mercados como el eólico, que llegó a generar ocupación para 2.000 operarios propios y de industrias auxiliares. Casi una década después, la crisis económica, los recortes en los presupuestos de Defensa a nivel internacional y una política comercial que ha sido infructuosa han propiciado que las únicas expectativas que tiene actualmente la compañía pública encima de la mesa procedan del sector civil.

Competencia asiática

Así, además del buque hotel para Pemex, Navantia negocia en estos momentos -tutelada por su único accionista, la (SEPI)- la construcción de un buque gasero para Gas Natural, después de que los cuatro primeros que encargó acabasen en factorías asiáticas. Además, ha puesto sus esperanzas en el concurso que abrirá la próxima primavera la eléctrica Iberdrola para la ejecución de un macroproyecto de eólica marina en aguas del mar del Norte. Son, junto al flotel, las únicas obras que podrían reportar trabajo a medio plazo, aunque responsables de la compañía han trasladado que es poco probable que, a excepción del pedido de Pemex, el resto tengan reflejo en los talleres antes de que finalice el año.

Fin del veto

La búsqueda de encargos en el segmento civil se produce en un año en el que las limitaciones pactadas con Bruselas que tiene la empresa pública en este mercado llegan a su fin. En concreto, estarán en vigor hasta el 31 de diciembre. Entonces, el veto que lleva cercenando las posibilidades de la antigua Astano se quedará sin validez y tampoco estará ya vigente la prohibición de que Navantia solo pueda contratar obras civiles por el 20 % de la facturación militar de la compañía.

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