Otra vía de agua en Mondragón

El presidente del grupo cooperativo dimite dos meses después de que Fagor entrara en concurso y en plena crisis por las subordinadas de Eroski


Redacción / La Voz

Las aguas corren revueltas en la Corporación Mondragón, el grupo vasco referente del cooperativismo en España. Su presidente, Txema Gisasola, dimitió ayer de su cargo, al que había accedido en julio del 2012, aludiendo a «motivos personales» y abriendo la puerta a una «etapa de análisis y reflexión» en la que se diseñe la estrategia para los próximos años.

Pero en la decisión de Gisasola, que antes de presidente de Mondragón fue durante seis años director general de Fagor, ha pesado el daño causado en el grupo por el concurso de acreedores de la empresa de electrodomésticos, punta de lanza de la corporación, que entró en suspensión de pagos en noviembre tras un viacrucis en busca de un salvavidas que le negaron las otras cooperativas del grupo. No en vano, fue en su etapa cuando Fagor entró en un proceso de expansión internacional financiado a crédito que, al estallar la crisis y desplomarse las ventas, llevó a la firma a pique.

A eso hay que sumar, además, la delicada situación de Eroski, acuciada por los vencimientos de una deuda de 2.500 millones de euros que le ha obligado a suscribir sucesivos acuerdos de refinanciación. Precisamente, en ese último tira y afloja con la banca acreedora -que exigió hace unos meses un fuerte plan de desinversiones-, la cooperativa ha acordado con las entidades un plan de canje de las subordinadas emitidas por Eroski, un total de 660 millones de euros de deuda perpetua que colocaron entre 30.000 inversores, principalmente pequeños ahorradores, a los que ahora se les plantea una quita del 30 %, de forma que recuperarían el 55 % de su inversión en un bono con vencimiento a doce años (con un interés de euríbor más 3 %) y solo el 15 % de forma inmediata, en el momento del canje.

Una operación que no cuenta con el respaldo de la principal asociación de afectados por las subordinadas de Fagor y Eroski, que ayer continuó con las movilizaciones delante del Parlamento vasco. Su presidente, Ricardo González de Durana, no dudó en responsabilizar directamente de la situación al actual presidente de Mondragón: «Donde tenía que estar es en la cárcel», apuntó rotundo en declaraciones a Efe. González reclamó al grupo que devuelva el dinero que han «robado» Fagor y Eroski a 40.000 personas, titulares de las aportaciones subordinadas financieras y alertó de las consecuencias de imagen que este conflicto podría tener para la cooperativa: «Es muy probable que Eroski caiga, luego lo haga Laboral Kutxa, y finalmente todo el grupo Mondragón», clamó.

Defensa del cooperativismo

En su despedida ante el consejo general de Mondragón, Txema Gisasola reivindicó el modelo cooperativo -que algunas voces cuestionaron cuando el grupo decidió dejar caer Fagor- y los principios de «solidaridad, esfuerzo, competitividad, innovación tecnológica y compromiso con la sociedad» vinculados a este, según informó la corporación en un comunicado, en el que también se anuncia que la dimisión del presidente dará paso a la constitución de una comisión gestora, que garantice el funcionamiento operativo.

La corporación vasca también ha anunciado su intención de someterse a una suerte de auditoría, en la que un equipo integrado por responsables de las diferentes cooperativas y áreas del grupo realizarán un estudio de la situación actual, identificarán las líneas de actuación clave y dibujarán la hoja de ruta a seguir en los próximos años. En todo caso, será el nuevo presidente, que se nombrará en unos meses, el encargado de presentar esas nuevas líneas maestras en el congreso anual de la corporación.

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