La crisis y el envejecimiento agravan la dependencia gallega del Estado

Más de 300.000 hogares, un tercio del total, viven solo de las jubilaciones o el desempleo


Santiago / La Voz

El endémico problema demográfico que azota a una Galicia cada vez más envejecida y la gigantesca destrucción de empleo propiciada por la crisis más larga de la democracia han generado en la comunidad gallega un cóctel socialmente explosivo. El resultado de combinar ambos ingredientes es que un tercio de Galicia es económicamente improductiva. O, dicho de otro modo: 325.249 hogares gallegos, el 31,29 % del total, tienen como única fuente de ingreso una prestación pública, bien sean jubilaciones, como sucede en la mayoría de los casos, bien una prestación por desempleo. Desde que se inició la crisis en el 2007, el número de familias que tienen como única fuente de ingreso el pago de una pensión o un subsidio por desempleo ha crecido en 50.000.

Los datos se incluyen en la última Enquisa de Condicións de Vida das Familias Galegas, divulgada a finales de diciembre por el Instituto Galego de Estatística (IGE). El intenso envejecimiento poblacional y la destrucción de empleo han alterado sobremanera la proporción entre quienes aportan al sistema y quienes se benefician de él.

Los últimos balances actualizados por el Ministerio de Empleo muestran que en Galicia hay 1,2 cotizantes en activo por cada pensionista -por dos en España-, una relación similar a la que existía hace doce años. Es decir, la comunidad es cada vez más dependiente de la caja única de la Seguridad Social.

Ante la radiografía que traza el IGE sobre los ingresos de los hogares gallegos surge la pregunta obligada de cómo es posible que una comunidad aguante con un tercio de sus habitantes improductivos y dependiendo de la solidaridad estatal. Los expertos consultados coinciden en señalar varios factores: desde el peso de la economía sumergida hasta el papel que desempeñan las finanzas domésticas rurales en la provisión de alimentos básicos.

Desequilibrio territorial

El mapa comarcal que dibuja el IGE muestra cómo en algunas comarcas del interior de Galicia, como el caso de Lugo sur y Ourense sur, el porcentaje de hogares cuyos ingresos dependen en su totalidad de las prestaciones públicas se coloca en el 50 %. Pero el envejecimiento poblacional no es un fenómeno exclusivamente rural. Zonas céntricas de ciudades como Santiago o A Coruña, por ejemplo, están cada vez más habitadas por mayores de 65 años, mientras que las parejas más jóvenes, con trabajo y con hijos, han ido poblando concellos limítrofes. Es el caso de Ames y Teo en la capital gallega o de Culleredo, Cambre u Oleiros en A Coruña.

La mayor dependencia de Galicia respecto a la caja del Estado, agravada por esta crisis económica, no parece un fenómeno que pueda corregirse a corto plazo. Al envejecimiento poblacional y la destrucción de ocupados se suma otro problema que altera también la relación entre quienes aportan al sistema y se benefician de él. La precarización del mercado laboral hace que las empresas paguen a los jóvenes entre un 40 y un 50 % menos que al resto de la plantilla. Los que se marchan del sistema aportaban mucho más en cotizaciones que los que entran en él.

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