Dos cajas atrapadas en la burbuja inmobiliaria

La venta pone fin a la reestructuración bancaria que comenzó con la crisis


Redacción

La venta de NCG a Banesco es hasta ahora el último capítulo de un período en el que el sector bancario español ha pasado por una profunda reestructuración. Comenzó con el estallido de la burbuja inmobiliaria en el 2008, siguió con un proceso de fusiones de entidades para tratar de ganar tamaño y tapar los agujeros generados por los impagos del sector constructor y que siguió con la llegada del rescate europeo. Proceso al que no fueron ajenas las cajas gallegas.

Cuando en el 2008 el Gobierno crea el Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria (FROB) para impulsar uniones en el sector financiero, Caixa Galicia y Caixanova tienen impulsos diferentes. De inicio, Caixa Galicia apuesta por una fusión a la gallega pero la entidad que entonces presidía Julio Fernández Gayoso no quiere saber nada y apuesta por acometer un SIP, una fusión fría con entidades de otras comunidades que acabaría con una fusión a medio plazo y con la sede la entidad lejos de Galicia. Visto el desaire de la caja del sur, el director general de Caixa Galicia, José Luis Méndez vira y la entidad empieza a ser el plato deseado por Caja Madrid, dentro de un acuerdo entre PP y PSOE con el que ambos partidos se repartían el sistema financiero español.

Es ahí cuando la Xunta decide intervenir, ante el riesgo de que Galicia pierda las dos entidades financieras. Es octubre del 2009 y el Gobierno gallego empieza a presionar para conseguir una fusión. Las reticencias de Julio Fernández Gayoso, que quiere seguir al frente de la entidad, son muchas. A ellas se une la oposición del Banco de España y del Gobierno al proyecto. La Xunta modifica la ley de cajas para forzar la fusión y presiona a las cajas para que se sienten a negociar. Lo consigue en abril del 2010 y el 11 de mayo Gayoso y Méndez firma una fusión paritaria entre todos sus órganos, con dos copresidentes, asentada en A Coruña pero con la dirección en Vigo.

La nueva entidad echa a andar el 1 de diciembre de ese año pero la satisfacción apenas dura tres meses. En un giro inesperado, el Ministerio de Economía que dirige Elena Salgado modifica las exigencias de capital del sector financiero y penaliza a la caja gallega, que al no cotizar en Bolsa ni contar con inversores que controlen más del 20 % del capital, queda muy lejos de los niveles de core capital requeridos. No queda más remedio que crear un banco. Y los responsables del Novacaixagalicia colocan al frente de ese nuevo banco a un ejecutivo de prestigio, José María Castellano, ex vicepresidente de Inditex. Tiene carta libre para reorganizar la entidad y un reto difícil: conseguir capital para adecuarse a los requerimientos del Ministerio de Economía.

Y consigue la entrada de un grupo de pequeños accionistas gallegos, pero las autoridades no hacen más que aumentar las exigencias. El resultado es que el FROB acaba expulsando del capital a los inversores captados por Castellano y, tras una operación acordeón, acaba haciéndose con el 100% del capital.

No solo eso, sino que en lugar de esperar los cinco años de margen que da Bruselas para dar una solución a la banca nacionalizada, decide acelerar los plazos y concluir la venta en un solo año. Este proceso acaba hoy con la adjudicación de una entidad histórica y sistémica en Galicia al grupo venezolano Banesco.

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