Galicia no puede seguir callada

Extraña el silencio de políticos, empresarios y organizaciones


Toda la prensa se hace eco de las maniobras del FROB y del Banco de España para impedir que NCG caiga en manos de inversores de fuera y vaya a engrosar la nueva oligarquía financiera. Lo curioso es que las personas que dan ventaja a los grandes bancos están relacionadas con la banca catalana, e incluso ocupan sus cargos por las presiones de CiU. Hay que reconocer que los catalanes saben jugar muy bien sus cartas, y que, según parece, los gallegos o no saben, o no quieren, o no les dejan hacer juego. Es una pena que, después de tantos esfuerzos y cuando ya nos creíamos que podíamos ser algo en el futuro económico español, nos encontremos cada semana que pasa en una posición subordinada. La realidad es que disminuye nuestra capacidad de tomar decisiones sobre nuestra propia economía. Por eso extraña el silencio de los políticos gallegos, de empresarios y de organizaciones que deberían defender los intereses de Galicia. Parece como si hubiera un silencio convenido para dejar que las cosas sucedan como a ciertos centros de poder les interese más. Claro que a lo mejor esconden una carta en la manga.

Estamos asistiendo a una de las etapas más tristes de nuestra tierra. Ayer fue Fenosa, un día fue Begano, otro el Banco Pastor, después el Gallego, hace poco Pescanova y ahora las presiones van todas en la misma dirección. Si nos quedamos sin sector financiero volveremos a ser un centro de producción al servicio de otros, y las decisiones sobre el ahorro gallego se tomarán lejos.

¿Para eso tenemos tanto autogobierno? ¿Y para eso tenemos tan grandes empresarios? ¿Y para eso los que nos precedieron han luchado tanto? Y esto que digo para Galicia es todavía mucho peor cuando pienso en el futuro de A Coruña, cuya situación de debilidad económica puede pasar de ser una probabilidad a convertirse en una muy triste realidad. Deseo estar equivocado, pero me duele la pasividad cuando todos los coros mediáticos dicen lo mismo: Galicia pasa de ser una oportunidad de futuro a una subasta amañada. ¿Llegaremos a tiempo?

Andrés Precedo es catedrático de la Universidade de Santiago.

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