La cartera de Navantia se desplomó un 78 % en cinco años

El último plan del naval público fijaba unos resultados de 20 millones en un año que se cerró con 43 de pérdidas

Imagen de la botadura del megabuque «Adelaide» construido para la Marina de Australia.
Imagen de la botadura del megabuque «Adelaide» construido para la Marina de Australia.

ferrol / la voz

El objetivo era conseguir que Navantia se convirtiese en líder europeo, que abandonase la senda de las pérdidas y que, en el entorno del 2011, cerrase un ejercicio con unos resultados superiores a los 20 millones de euros y unos ingresos de 1.880. Sin embargo, los planes que tenía el Gobierno central cuando puso en marcha la última reconversión y creó Navantia, en la primavera del 2005, no solo no se cumplieron sino que, ocho años después, la empresa se encuentra en una difícil coyuntura económica, con necesidad de ayuda financiera externa, sin carga de trabajo y elaborando un plan estratégico bajo la premisa de acometer un drástico recorte de sus costes fijos.

Cuando Navantia inició su andadura, su programa estratégico diseñado para el período 2007-2011 establecía que en el primer año de vigencia de ese plan se entraría en la senda de los beneficios, como así fue. Fue el único ejercicio en el que anotó números negros, con apenas 100.000 euros de beneficios, una cifra diez veces inferior a la que se había previsto. Los siguientes años se cerraron de nuevo con resultados negativos, que superaron los 43 millones de euros en el 2011 y que se prevé que sobrepasen los cien millones al cierre del presente año.

Tampoco logró los objetivos en cuanto a la cartera de pedidos. Los astilleros públicos de la ría de Ferrol tenían en el 2007 la mayor cartera de pedidos de la compañía, valorada entonces en 2.200 millones de euros, frente a los 1.999 de Cartagena, los 1.826 de la Bahía de Cádiz y los 215 de Madrid.

En estos momentos, los pocos encargos que le quedan a Navantia en todos sus centros están valorados en 1.405 millones. Es decir, en los últimos seis años la compañía pública ha visto cómo su volumen de pedidos se derrumbaba. Ha caído un 78 %. En los astilleros de la ría ferrolana, en dos semanas se acabará el trabajo en curso, la fabricación del segundo megabuque para la Armada de Australia. Su industria auxiliar está abocada al despido y la plantilla directa, a la paralización.

Hace un lustro, la ría ferrolana concentraba los mayores pedidos de la compañía

En el 2007, las antiguas Astano y Bazán recibieron el espaldarazo definitivo a su carga de trabajo, al firmar el encargo para la construcción de los dos megabarcos anfibios para la Armada de Australia y el diseño, la asistencia técnica y transferencia tecnológica de tres destructores para esta misma Marina. En conjunto, fabricaba o tenía encargos entonces para tres armadas: la española, la noruega y la de las antípodas, con fragatas y barcos anfibios. Hoy no hay ni un solo pedido cerrado, a la espera de que la licitación abierta por Pemex se resuelva favorablemente, tal y como se anunció, y se adjudique un buque flotel a Navantia Fene-Ferrol y otro al vigués Hijos de J. Barreras.

Mercado exterior

El plan presentado por el anterior equipo de la SEPI marcaba la senda a la compañía para que se volcase en el mercado exterior y mayoritariamente militar. Desde que se firmó el macroencargo australiano, Navantia no ha vuelto a recibir otro pedido de ninguna armada. Aunque el programa apuntaba al sector civil como minoritario y únicamente complementario, en esta última etapa de la empresa pública se ha ligado su futuro a la obtención de la obra de construcción de cuatro gaseros para los armadores Knutsen y Elcano, aunque han ido a parar a astilleros asiáticos. La empresa se marcaba una facturación que habría de provenir en un 80 % de la rama militar y en un 20 % de la civil, aunque próximas a culminar las limitaciones pactadas por el Gobierno español con Bruselas, la empresa no quiere desechar ningún área.

Ahora, elabora un nuevo programa para frenar su crisis sin trabajo y con una situación patrimonial que bordea el crac.

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