Madrid vendió la T4 y no se enteró

ECONOMÍA

Corría el año 2007 cuando comenzó a gestarse formalmente la venta de Iberia

17 nov 2013 . Actualizado a las 20:16 h.

Madrid, capital de España, es todo un portento económico. Sus prácticamente siete millones de habitantes generan alrededor del 18 % del producto interior bruto (PIB) del Estado. La ciudad vive de cara a Europa, siendo eje en las rutas de las grandes capitales; en ella residen todos los miembros del Gobierno, los banqueros más influyentes, los empresarios nacionales importantes y los foráneos que vienen a hacer negocio a cualquier rincón de España. Ser de Madrid imprime carácter. La gran ciudad es abierta, jovial, polifacética, internacional, políglota y muy castiza. Está despierta las 24 horas del día, los 365 días del año. Si algo no ocurre en Madrid es que no está sucediendo. Sin más, y de esta manera se mira al ombligo y le gusta lo que ve. Por este motivo y por ser tan grande e individualista en ocasiones, comete errores garrafales, que, en el momento, se diluyen en medio del agobio del día a día y así pasan desapercibidos; y después estallan. La venta de Iberia es un ejemplo claro de lo explicado.

Corría el año 2007 cuando comenzó a gestarse formalmente la venta de esta compañía de bandera. La quería British, Air France y un grupo de inversores españoles. En ese momento el capital de la empresa se repartía entre Caja Madrid (17?%, tras comprar su participación al BBVA), British Airways (otro 10), Logista (un 6,49), El Corte Inglés (2,90) y varios fondos y entidades financieras (0,64). La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, la SEPI, tenía un 5,2 %, y en Bolsa estaba el 57 % restante.

España vivía un momento dulce, de fluidez de dinero a precio barato, de negocios, de fiestas, saraos y panderetas. Nadie se podía imaginar que estaba a punto de estallar la crisis más dramática y profunda de las jamás vividas.

En la operación la gran capital se jugaba su primera empresa por volumen de negocio, ya que Iberia y el aeropuerto representaban en torno al 17 % de su PIB autonómico. Todos estos datos estaban sobre la mesa (ver La Voz de Galicia del 20 de noviembre del 2007), pero no les dieron valor. Como tampoco se dio la advertencia de que una operación con British Airways vaciaría tanto Barajas, puerta a Europa y América Latina, como El Prat, aeropuerto clave para crecer en Asia.

El año en que se anunció la fusión, la empresa española había generado un beneficio de 89 millones. Bastaron doce meses para que llegaran las pérdidas: 61 millones en el 2011, y 262 millones en el 2012.

Hoy, seis años después aquella advertencia, el mal augurio ya se hizo realidad. Iberia, nacida el 14 de diciembre de 1927, es de British, que es la que manda en sus decisiones económicas, casi todas ellas enfocadas a solucionar el problema de los 3.000 millones de euros que pesan sobre el fondo de pensiones de los trabajadores de la británica. Con la compra, British logró incrementar su cuota de mercado para seguir siendo líder y, de paso, eliminar de un plumazo a un serio competidor. Sin vergüenza, difuminó de un plumazo todos los símbolos españoles de su imagen corporativa y anunció el despido de más de 3.100 empleados a través de un expediente de regulación de empleo.

El mismo día que British se quedó con Iberia también se hizo con la T4 y Madrid no se enteró.

¿Dónde están los culpables de esta situación? En cualquier rinconcito madrileño; pero, desde luego, no en Londres.