«Inditex es un tractor de la economía española»

Pablo Isla, presidente del grupo textil, elige el Chuac para su primera conferencia


A Coruña / La Voz

Él mismo lo explicó nada más empezar. El presidente del Grupo Inditex, cuyas intervenciones públicas se cuentan casi por juntas generales de accionistas, bajó ayer a la arena social en un escenario bien distinto al de los consejos de administración. Un hospital, el Chuac de A Coruña, fue el lugar elegido por Pablo Isla para hablar de lo que mejor conoce, el gigante textil que dirige, y lo hizo por razones que poco tienen que ver con el mundo empresarial. La amistad, el foro de salud al que fue invitado -«colectivo al que admiro mucho», dijo- y el lugar en el que se celebró inhabilitaron cualquier declinación. «No había excusa», dijo, para rechazar la invitación del complejo hospitalario en el que nació su hija pequeña.

Ante un auditorio formado, entre otros, por los asistentes a las jornadas nacionales de la Sociedad Española de Directivos de la Salud, Isla confesó cierto «rubor» al hablar de las cifras del imperio de la moda: «En Inditex no somos, ni mucho menos, perfectos; siempre hay cosas que mejorar, siempre hay cosas que aprender», señaló antes de enumerar los grandes números con que Zara coloniza el mundo: 86 mercados en los cinco continentes, más de 6.000 tiendas, casi 130.000 empleados y 16.000 millones de facturación en el último ejercicio. «Somos una empresa grande, pero intentamos gestionar como una empresa pequeña; prestamos atención especial a los detalles, a cada prenda, a cada mueble y, por supuesto, a las personas», añadió reivindicando el espíritu del fundador, Amancio Ortega. A juicio del ejecutivo, mantener la mentalidad de empresa pequeña «es básico, hay que gestionar siempre como si estuviéramos empezando». Primera receta.

La segunda, la innovación, que en el caso de Inditex se ha basado, explicó, en darle la vuelta al modelo productivo de cualquier compañía textil. Es el público el que decide qué prendas forman sus colecciones, que no salen por estación, sino que se renuevan dos veces por semana en las tiendas de todo el planeta porque la novedad permanente es la esencia del modelo Inditex. Habló de la producción, que el 55 % se fabrica en «proximidad», es decir, Galicia, Portugal y Marruecos, del modelo de distribución marca de la casa que hoy se estudia en las universidades y de los proveedores, 6.000 de ellos españoles con 3.000 millones de facturación en el 2012. «Muchas de estas empresas -insistió- llevan con nosotros años, han ido creciendo con nosotros», colocando a la firma como «tractor de la economía española».

Sin falsas modestias, Isla habló también del futuro porque «en la empresa, y en general en la vida, hay que mirar hacia adelante», y se refirió al «potencial extraordinario» que todavía le queda al grupo radicado en Arteixo en los mercados emergentes en los que ya está triunfando y de las posibilidades ya abiertas, y en multicanal, de Internet.

Dejó para el final el tema, no por ello menos capital, de la cultura de la firma. Y salió la tercera receta y clave del éxito: el compromiso, la identificación, el gusto por lo que se hace. «Esto no es solo un trabajo -recalcó-, un encargado de tienda no es solo un encargado, tiene que sentirla como suya, como si fuese el dueño».

En escasos 40 minutos, con soltura y discurso hilvanado, Isla se despidió deseando que los retales de su gestión «a lo mejor pueden daros ideas», y repitiendo el agradecimiento al hospital porque «admiro lo que hacéis por la sociedad».

«Somos una empresa grande, pero intentamos gestionar como una pequeña»

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