Amarrados pese a la abundancia

Más de 30 barcos españoles esperan que la UE otorgue un aumento de cuota de merluza que saque del paro a cientos de familias afectadas

Buena parte de la flota merlucera tiene su base en puertos de A Mariña, donde la venta de la especie reportó 60 millones el año pasado.
Buena parte de la flota merlucera tiene su base en puertos de A Mariña, donde la venta de la especie reportó 60 millones el año pasado.

viveiro / la voz

Más de 30 barcos españoles llevan días en puerto porque han pescado la merluza que les tocó cuando la UE la repartió creyendo que había menos. Por esa presunción de escasez, otros tantos buques, también españoles, están tan restringidos que acaban el año como lo empezaron: midiéndose para estirar sus opciones de capturas. Antes del verano, la realidad que perciben los pescadores se impuso, la merluza en Gran Sol abunda más de lo estimado por los científicos. Los merluceros han pedido a la UE que adapte las cuotas a la contrastada proliferación de la especie. Cuando cientos de familias están en paro o lo temen porque dependen de la merluza, la UE promete elevar el cupo. El jueves podría saberse si impera el sentido común que aconseja pescar lo que regala el mar sin ponerlo en peligro. Si no es así, barcos y trabajadores seguirán condenados al paro hasta mediados de noviembre. A todos les cuesta entender que esa misma UE que paga fortunas por caladeros ajenos desaproveche los propios y la riqueza que generan, pese a las perniciosas consecuencias sociales.

¿Por qué se llega a una situación tan delicada?

En pesca, todo sigue condicionado por el principio de estabilidad relativa, que aún tolera España pese a perpetuar la desigualdad en el reparto de los recursos comunitarios. Flota y mercado de la merluza están en España, pero los derechos de pesca se distribuyen entre otros países, aunque no capturen esa especie, la usen como moneda de cambio o les interese para vender a los españoles. La merluza es el objetivo de 65 barcos españoles, parte de los 97 que quedan de la conocida por Flota de los 300. La especie escaseó tanto que la UE impuso un plan de recuperación cuyos resultados se vieron desbordados porque resultó que la merluza tarda en desarrollarse menos de que lo que creían los científicos. Aplicando el principio de precaución según el que si no se sabe cómo está el recurso lo mejor es limitar su pesca, la UE repartió hace un año 55.000 toneladas. Y España redistribuyó su parte entre sus buques, pero quedó claro que es «insuficiente» para garantizar a los pesqueros ingresos que permitan mantener empresas y empleos todo el año. ¿Qué está en juego?

Primero, los empleos de los tripulantes, entre 10 y 14 por barco, y de todos los que dependen de la merluza: empleados de puertos y lonjas, comercializadores, transportistas y proveedores de la flota. Se estima que cada puesto embarcado induce entre 2 y 4 en tierra firme, por lo que rondarían los 2.000. La merluza es clave en puertos como Burela y Celeiro, pero también pesa en A Coruña. Solo el año pasado, las lonjas mariñanas facturaron 60 de los 80 millones que dejó la merluza en Galicia. Además, España es el mayor mercado europeo de la merluza. Si a la flota nacional le prohíben capturarla pese a que abunda, las importaciones cubrirán la demanda a precios inferiores, acordes a su calidad. Recuperar el mercado requerirá tiempo y a costa de años con cotizaciones más bajas.

¿Cuáles son los desenlaces posibles?

Como reacción al amarre de la flota, la Comisión Europea anunció el jueves que hace suya la petición de España e Irlanda y, en consecuencia, que propone aumentar la cuota de merluza en 15.000 toneladas, de las que 4.000 serían para España. La UE anuncia que el día 24 volverá a tratarlo, pero, aunque Francia no logre imponer su rechazo al incremento, tardaría en hacerse efectivo al menos hasta principios de noviembre. La norma volvería a ir por detrás de la realidad y, aunque la merluza abunda en Gran Sol desde hace meses, el tope de capturas sigue siendo inferior a la capacidad del caladero, sin riesgo aunque el aumento fuese superior al que se plantea. De hecho, la UE prevé elevar la cuota del 2014 a 82.000 toneladas, un 49 % más que este año.

¿Son suficientes las 4.000 toneladas?

La cuota suplementaria no garantizará trabajo hasta fin de año a todos los merluceros, pero mejorará el de muchos. El sector plantea ahora que Pesca debe articular fórmulas que eviten el paro que ya sufren los que viven de la merluza, de modo que puedan volver al mar cuanto antes, sin esperar los tiempos de la burocracia, que poco tienen que ver con los de la economía real, donde las firmas carecen de margen para esperar por la liquidez.

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