Un Gobierno ultracongelador

Albino Prada
Albino Prada LAS GRANDES CUENTAS DEL 2014

ECONOMÍA

29 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Por más que el futuro que dibujan los Presupuestos y el cuadro macroeconómico para el 2014 no deja de ser el de un dudoso crecimiento de unas décimas y una mínima reducción de la tasa de paro, no puede uno menos que asombrarse de cómo se piensa llegar a tan improbable objetivo.

El Gobierno avanza en todos los frentes de la devaluación interna con paso firme. A los funcionarios congelados se les reduce su poder adquisitivo a ritmo de inflación, a los pensionistas a ese ritmo menos el 0,25 % y a los del sector privado a ritmo de lo tomas o lo dejas. Sobre esa base, el Gobierno estima que el consumo privado no caerá el próximo año y ahí empieza mi primer asombro (mientras que las previsiones de la Comisión Europea para España son de un descenso).

Sin embargo, el Gobierno no oculta que con sus ultracongelados sí caerá el consumo público (un -2,9 % frente a la previsión de la Comisión de -0,4 %). Siete veces más. Alumnos ejemplares. Con esas premisas, y con las mismas previsiones para la demanda externa, no se entiende que la previsión del PIB del Gobierno solo esté 2 décimas por debajo de la de la Comisión.

En lo del déficit, más de lo mismo. Aquí lo más asombroso es que después de incumplir las previsiones de ingresos este año, y sin ninguna subida de impuestos a la vista, los Presupuestos imaginen para el 2014 que vamos a recaudar un 2,4 % más. Aquí el asombro raya en economía ficción porque la Comisión Europea prevé para el 2014 una caída de los ingresos públicos de España en relación al PIB. Tengo muy claro quién se equivoca.

Lo anterior supone que la previsión de déficit es un brindis al sol (a pesar de los ultracongelados). Si a eso le añadimos que la distribución del mismo es de un punto para las autonomías y de casi 4 puntos para el Estado, tenemos negro sobre blanco el mensaje a los mercados: seguir apretándose el cinturón en la cobertura de los servicios educativos y sanitarios que gestionan las comunidades, y puente de plata para unos intereses de la deuda que, casualidad será, coinciden con el déficit previsto del Estado (unos 37.000 millones de euros). Y si hay desviaciones ya sabe usted en qué bolsillo vamos a acabar metiendo la mano.

Seguiremos transitando por el camino de la devaluación interna. Y si luego la tozuda realidad demuestra que ese camino conduce a ninguna parte (estancamiento de producción y empleo) no importa. Porque no hay otra alternativa. Porque en EE. UU. y en el Reino Unido, aunque sus economías crezcan y no lo parezca, están cavando su tumba.