Un agujero multimillonario y una factura que todavía está sin pagar


La patronal gallega recibió entre los años 1996 y 2000 casi 20 millones de euros en fondos para la formación a través de la Xunta y del Forcem. Eran tiempos en los que no se reparaba en gastos, los días de vino y rosas de la CEG, una organización que manejaban entonces ingentes cantidades de dinero, hoy inimaginables, sin apenas supervisión y control. Por aquellos tiempos estaba al mando Antonio Ramilo.

El escándalo de lo que ocurría en la CEG estalló en febrero del año 2000, mes en el que se destaparon graves irregularidades en la situación contable. Cuando empezó a desempolvarse la caja, Sostre fue cesado por el propio Ramilo, que abandonaría la CEG meses después, en noviembre de ese año, empujado por los cuatro presidentes provinciales, entre los que estaban Antonio Fontenla, en A Coruña, y José Manuel Fernández Alvariño, en Pontevedra.

El nuevo equipo encargó una auditoría interna y otra externa. El primer proceso sacó a la luz el desvío de fondos públicos para formación, área en la que Sánchez Sostre actuaba con plenos poderes. Y la desaparición de documentos clave para conocer el estado real de las cuentas.

Finalmente, afloró un agujero de 6,3 millones de euros -más de mil millones de pesetas de entonces-, una factura que la CEG terminará de pagar a finales del 2015.

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