La anchoa al fin se deja querer

Los cerqueros gallegos cogen ritmo en una costera que empezó pobre


ribeira / la voz

Hasta estos últimos días, parecía que la costera de la anchoa, esa campaña primaveral en el mar Cantábrico en la que participan 60 barcos gallegos, se había contagiado de la penuria que domina el país. Capturas pobres; precios bajos para haber tan poco pescado... Una pesadilla para armadores y marineros del cerco. Pero la cosa ha cambiado de cara conforme las borrascas y temporales han dado un respiro. La anchoa ha empezado a dejarse ver. Y, lo que es más importante, a dejarse caer en la red. Distintos armadores señalaban ayer que cada barco está cogiendo unos 4.500 o 5.000 kilos al día, una cantidad bastante razonable si se tiene en cuenta que el tope para una embarcación de trece hombres está estipulado en 8.000 kilogramos.

Parte de la flota gallega llegó al País Vasco a principios de abril. Lo normal hubiese sido que los sesenta barcos navegasen hasta el Cantábrico en esas fechas. Pero muchos retrasaron su partida al tener noticias de que de la anchoa no había ni rastro. Los vascos sí lograban pescarla entonces, pero porque la cogían lejos de la costa, a unas 60 o 70 millas, a demasiada distancia para que pudiesen alcanzarla buques del tamaño de los gallegos.

Así que tocaba esperar. Avanzó abril y, aunque la costera seguía sin estar demasiado animada, la flota gallega empezó a hacerse notar en el Cantábrico. Permanecen allí unas sesenta embarcaciones, de las que una veintena son barbanzanas, concretamente, de Ribeira, Aguiño y Portosín. Precisamente, de este último puerto es el armador Eduardo Carreño, que ayer resumía bien lo que sucedió hasta hace unos días: «Collías unha pouca un día, outros quilos outro día, pero non había cantidades importantes. Agora si que empeza a verse máis. Hoxe [por ayer] trouxemos 2.000 quilos, pero tivemos xornadas de 5.000 quilos. É algo máis razoable xa».

Y con una voz parecida hablaba también Francisco Ayaso, armador y portavoz de los cerqueros ribeirenses: «Agora si que hai bastante, cóllense 4.000 ou 5.000 quilos a diario».

En los medios locales vascos recogían estos días impresiones muy parecidas de los armadores locales, que insistían en que es ahora cuando la costera empieza a mostrar su mejor cara. Los vascos, como los gallegos, de lo que se quejaban es de que los precios no estén siendo todo lo bueno que esperaban. Las primeras toneladas que se vendieron en el País Vasco habían rozado los diez euros. Pero de esa cantidad ya no queda ni la sombra. Luego la anchoa empezó a cotizarse a cinco euros el kilogramo y ahora los gallegos la están vendiendo entre tres euros y dos. Dicen que bajar de ahí sí que sería un descalabro, aunque lo cierto es que en lonjas emblemáticas para esta especie pelágica como la de Bermeo u Ondárroa ya se llegó al euro por kilo.

Para fresco y conserva

La primera anchoa que despacharon los barcos gallegos se destinó al mercado de fresco, pero ahora mismo alguna está yendo para la industria conservera. Un armador ribeirense señalaba ayer que, como es tradición, el mercado italiano está tirando por el producto. En la costa vasca, donde armadores y marineros gallegos son ya unos más, estos días todas las actividades se centran en la anchoa. Hay degustaciones de pinchos al por mayor; ferias monográficas... Todo ello en un intento de reivindicar el consumo de bocarte fresco. A ver si entre las iniciativas gastronómicas y la mejora del tiempo la costera acaba con buen sabor de boca, sobre todo, ahora que la tímida anchoa al fin se dejó querer por las redes de un cerco gallego necesitado de cariño.

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