NCG trata de rebajar los despidos a 400 vendiendo otras dos áreas

Mueve entre inversores la división inmobiliaria y la de gestión de activos


redacción / la voz

La división por áreas de negocio implantada en NCG Bancoa finales del 2011 olía ya entonces a un proceso de partición de la entidad para una posible venta en trozos. Y tras el millonario rescate de Bruselas (5.425 millones de euros) y la exigencia a cambio de volver al negocio bancario tradicional, ese pronóstico ha terminado por convertirse en realidad. El banco puso en venta hace apenas un mes su red Evo (la que opera fuera del noroeste, con 590 empleados y 80 oficinas) y acaba de hacer lo mismo con otras dos división: la unidad de gestión de activos (UGAS), que se encarga de recuperaciones de créditos morosos y otras operaciones; y el área inmobiliaria. A estos movimientos se suma otro, el de la venta de un paquete de oficinas en Asturias y León a otra entidad, algo que se sigue negociando.

El consejero delegado, César González-Bueno, se lo trasladó hace unos días a directivos y empleados implicados en esas áreas. Por ahora, según ha explicado la dirección de la entidad a algunos sindicatos, solo hay «contactos iniciales», pero «se ha detectado interés» de algunos fondos y empresas por esas divisiones. La venta de esas áreas supone para el banco dos alivios: uno económico y otro laboral. Por un lado, ingresa fondos con los que poder reducir la factura de ayudas públicas recibidas, mejorar sus márgenes y resultar una entidad más atractiva para posibles inversores. Y por otro lado, mitiga el impacto de su cuarto ERE, previsto para 1.850 empleados. Porque esas divisiones se venden con negocio (activo), y con gestores.

El impacto por áreas

Según datos sindicales, en UGAS hay unos 200 empleados y en el área inmobiliaria, otras 110. La venta de oficinas en Asturias y León podría implicar a otro centenar de empleados. Y a todos ellos hay que sumar los 590 de Evo, para los que se espera comprador antes de acabar el 2014. Si finalmente hay un comprador, incluyendo el personal implicado en esas áreas, el banco podría adelgazar los despidos previstos hasta quedar en unos 400, sumados a las 455 prejubilaciones previstas. Así, el impacto en la plantilla sería bastante menor.

En esto anda ahora Novagalicia, mientras termina de digerir el complicado 2012, el peor año de su historia (incluyendo la historia de las cajas gallegas que dieron lugar a este banco). Cerró ese ejercicio con unos números rojos cercanos a los 8.000 millones, como ya había adelantado su presidente, José María Castellano, en enero. Esa cifra, por tanto, era conocida, por muy llamativa que resulte.

Ayer el banco dio cuenta del resto de sus números. Procedió a un saneamiento récord por encima de los 8.200 millones de euros, pasando créditos de dudosos a fallidos, provisionando otros... En el 2011 esa cifra se quedó por debajo de los 2.000 millones. Ese ejercicio de limpieza, y el traspaso de 5.096 millones de activos tóxicos a la Sareb (el llamado banco malo) han elevado la morosidad por encima del 13 %. Otra cruz es la pérdida de depósitos de particulares: 4.800 millones, que el banco atribuye sobre todo a la pérdida de clientes por el cierre de 212 sucursales. En créditos, se ha centrado en refinanciaciones, en pymes y en familias. El préstamo al ladrillo apenas es el 3,5 % de su cartera; hace un año suponía el 22 %.

Mejor que la media está en nivel de capitalización. Su ratio core capital, principal indicador de fortaleza, está ahora en el 11,17 %. No extraña teniendo en cuenta la fuerte inyección de dinero público que ha recibido.

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