Una grave torpeza que deja cicatrices en la confianza

La UE ha conseguido que los europeos recelen de la banca


redacción / la voz

El holandés Jeroen Dijsselbloem recibió el testigo de la presidencia del Eurogrupo de manos del luxemburgués Jean Claude Juncker en enero. Cuenta con los dedos de una mano las cumbres que lleva al timón, pero le han bastado para granjearse la antipatía de muchos y feroces críticas desde varios frentes.

Y es que su bautismo de fuego no ha sido lo que se dice de lo más afortunado. Ni él, ni sus compañeros de filas, tuvieron la inteligencia que se les presupone para alcanzar a ver que lo de confiscar el dinero de los pequeños ahorradores era una torpeza clamorosa. No tardaron mucho en percatarse de la metedura de pata. Y pronto recularon. Dijeron después que lo de meter la mano en los depósitos de más de 100.000 euros, los que protege la normativa europea, había sido cosa del Gobierno de Chipre. Se lavaron las manos.

Es cierto que, al final, han desactivado esa bomba de relojería que suponía poner en duda la garantía de los depósitos asegurados (los de hasta 100.000 euros), pero no lo es menos que el hecho de que esa amenaza haya estado sobre la mesa de la eurozona ha abierto una herida en la confianza de los europeos en sus bancos. Y, aunque sane, si es que lo hace, dejará profundas cicatrices.

Y declaraciones como las realizadas ayer por el jefe del Eurogrupo, asegurando en sendas entrevistas en el Financial Times y Reuters, dos de las biblias de los mercados, que el rescate de Chipre podría servir de patrón para futuras crisis bancarias no hacen sino ahondar en esa herida. Por mucho que el portavoz del holandés se afanara horas después en desmentir tal afirmación, recurriendo al ya manido «Chipre es un caso único».

Respuesta de los mercados

Cuando llegó el desmentido, el daño ya estaba hecho. Y los mercados, que habían iniciado el día con cierto optimismo, lo despidieron con nerviosismo. Lo ocurrido en el Ibex fue un claro ejemplo de ello. Después de llegar a subir por la mañana un 2 %, cerró con un retroceso del 2,27 %, el mayor desde finales de febrero. Y, como no podía ser de otra forma, los bancos se llevaron la peor parte. La mayor caída del día la protagonizó Bankinter, cuyos títulos perdieron un 4,02 % en la refriega. Mientras, la prima de riesgo repuntó 15 puntos, hasta los 363.

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