Cuando es la jubilación la que se jubila

Bea Abelairas
Bea Abelairas LA VOZ

ECONOMÍA

JOSÉ PARDO

Ya no necesitan trabajar para vivir, como parece que obligará el sistema de pensiones en el futuro con «minijobs». Ellos solo siguen ahí por vocación

17 mar 2013 . Actualizado a las 17:07 h.

El Financial Times los apodó «Los incombustibles nuevos octogenarios» en un artículo sobre ejecutivos que, como el expresidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos Paul Volcker, siguen trabajando a pesar de que han superado la barrera de los 80 años. Volcker tiene 85 años y asegura que se siente en plenas facultades, por eso alarga una carrera profesional que ya suma 50 años y que ha desarrollado tratando con cinco presidentes: John F. Kennedy, Richard Nixon, Jimmy Carter, Ronald Regan y, ahora, Barack Obama.

En Galicia hay muchos antijubilados como Volcker, la mayoría son empresarios y hombres que comenzaron a trabajar desde niños y desde cero, a los que no les convence demasiado pasar las horas en clases de taichí o en viajes organizados. Para ellos su mejor medicina es levantarse cada día sabiendo que pueden ir a su segunda casa, que es su farmacia, el puerto o su empresa. «A las siete y media bajo a comprar el pan para mi mujer, desayuno y a las nueve ya estoy en el puerto. No es un esfuerzo. A las doce me marcho y por la tarde vuelvo solo unas horitas», cuenta Juan Fuentes Sánchez, un expatrón de la localidad coruñesa de Pontedeume que cada día acude al muelle para coser las redes con las que faena su hijo en su antiguo barco. Tanto Juan como Arturo, que con 86 sigue acudiendo a su empresa, se ríen cuando se les pregunta por qué se obligan a seguir esforzándose, a continuar madrugando para enfrentarse con el trabajo. «Esto ya no tiene nada que ver con lo de antes, esto es venir a disfrutar, sin preocupaciones», explica el expatrón que mira hacia el mar y confiesa que se embarcaría hoy mismo como su hijo, que pesca verdel en Santander. Jesús Leiro justifica su vida antijubilación asegurando que él adora trabajar en la madera y que le hubiese gustado saber dibujar con tino para tallar mucho mejor. «Algo hai que facer, o taller está nas mans do meu fillo, pero eu son feliz seguindo por aquí inda que so sexa vixiando», explica este monterrosino que lleva desde los 14 trabajando y que sonríe cuando se le pregunta por el secreto de su salud de hierro. «Se a cabeza anda contenta, o resto vai só», dice. Tanto él, como Juan Fuentes Sánchez, como Juan Leiro comenzaron a trabajar siendo niños y hacen gala de un muy buen humor. «A los 13 me fui en un barco de vapor al cerco, eran otros tiempos, y desde los once ya trabajaba», recuerda. Su historia es similar a la del empresario Alfonso Saavedra: «Yo soy de As Somozas, pero a los doce años empecé de aprendiz a hacer zapatos a medida y a vender por las ferias... Entonces la vida era dura, no como ahora. Afortunadamente puedo seguir viniendo a trabajar en lo que reuní».