«Despedir no es motivo de orgullo», admiten Castellano y González-Bueno

La cúpula de NCG traslada a la plantilla que el ERE para 1.850 empleados, ya firmado, era vital para el banco

Responsables de recursos humanos del banco firmaron con los sindicatos el acuerdo en Santiago.
Responsables de recursos humanos del banco firmaron con los sindicatos el acuerdo en Santiago.

redacción / la voz

Firmar uno de los mayores expedientes de regulación de empleo de la historia de Galicia (descontados los que afectaron al naval o la automoción en sus peores años) no parece fácil de digerir ni de explicar. Ni para la empresa ni para los sindicatos. «El despido de una sola empleada o empleado que quiera y necesite seguir trabajando en una empresa es un drama, no un motivo de orgullo», admitían ayer, en un comunicado interno a la plantilla, el presidente y el consejero delegado del banco, José María Castellano y César González-Bueno. «No es un día feliz para nadie, pero creemos haber evitado una catástrofe colectiva», hacían lo propio, en otra nota, CC.OO., Csica y UGT, los sindicatos firmantes de un pacto que supondrá recortar un máximo de 1.850 puestos desde este 2013 hasta el 2017, entre ellos casi 500 prejubilados de más de 54 años, junto a reducción de sueldos y apertura de oficinas por las tardes.

«El ERE es vital para la viabilidad de NCG Banco [...] La reducción de plantilla era imprescindible», justifican en su comunicado los dos primeros ejecutivos del banco, Castellano y González-Bueno. Sobre este último, el banco remitió ayer otro texto desmintiendo «tajantemente» informaciones en las que se apuntaba a su inminente marcha.

Aplaude la cúpula el proceso negociador que ha llevado a este acuerdo, y que tiene más fondo que el recorte de plantilla: «Detrás hay un proyecto que defender y un futuro que despejar a las miles de familias que permanecerán en el core [núcleo] de negocio y fuera de él, con modelos de bancos bien definidos y encaminados a través de las marcas Novagalicia y Evo».

Segunda comunicación

La carta de Castellano y González-Bueno es su segunda en un mes. La anterior fue para pedir a las partes (empresa y sindicatos) altura y cintura para llegar a un acuerdo. Entonces, al arranque de la negociación, se planteaban 2.508 despidos; se han quedado en 1.850, que incluso pueden ser 1.260 si hay comprador para la red de Evo. Sus 590 empleados están blindados hasta enero del 2015. Si no encuentran comprador, serán despedidos, con 30 días de indemnización, como dictan las líneas generales del acuerdo.

El texto se firmó a mediodía en Santiago con los mismos tres sindicatos que rubricaron en el 2010, 2011 y 2012 los otros ERE en la entidad, por los que se han ido casi 2.000 trabajadores. Entonces las indemnizaciones y prejubilaciones fueron mucho más generosas. Pero no se había aprobado una reforma laboral tan drástica como la actual.

Para los firmantes no es un trago sencillo. Pero tiene su parte positiva. «Se crean unas indemnizaciones que mejoran ampliamente la cuantía que señala la reforma laboral, que no es que la haya aprobado la parte sindical, ni la firmante, ni quienes a última hora se han reservado la no aceptación del acuerdo», explicaban CC.OO, Csica y UGT, recordando que, sobre el planteamiento inicial de la empresa, el recorte forzoso de personal se quedará en un tercio de lo previsto (esos 2.508 empleos). Por la reducción de 700 afectados, la prejubilación de 455 compañeros, y ese blindaje a los 590 empleados de Evo.

Más barato de lo previsto

El banco admite que el acuerdo es más barato de lo que contemplaba lo aprobado por la Comisión Europea. Porque la explicación al ERE hay que encontrarla en Bruselas: a cambio de los 5.425 millones que en diciembre inyectó a Novagalicia, el banco tendrá que cerrar más de 300 sucursales y centrarse en el noroeste.

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