La Eurocámara respalda prohibir en dos años los descartes en la pesca

Rechaza la enmienda de Carmen Fraga, que dilataba la prohibición e introducía excepciones

Eurodiputados del Grupo Verde celebran el resultado de la votación sobre la protección y conservación de los recursos pesqueros.
Eurodiputados del Grupo Verde celebran el resultado de la votación sobre la protección y conservación de los recursos pesqueros.

enviada especial/Estrasburgo

En la cafetería del edificio Louis Weiss de Estrasburgo, los ecologistas brindaban ayer con champán después de haber repartido sándwiches de surimi entre los presentes. ¿Qué celebraban? Que los eurodiputados han votado «a favor del futuro de la pesca y los mares», como subraya Ecologistas en Acción. O que ahora es el sector pesquero una especie en peligro de extinción, como sostiene la patronal Cepesca. En definitiva: el sesgo medioambiental que el Parlamento Europeo en masa ha dado a la reforma pesquera.

Con 502 votos a favor, 137 en contra y 27 abstenciones, la Eurocámara aprobó el informe de la alemana Ulrike Rodust, que aboga por la prohibición total de los descartes en el 2016, la generalización de los planes plurianuales por pesquerías y no por especies, la gestión de las pesquerías por encima, no al nivel, del rendimiento máximo sostenible (RMS) -más restrictivo que el criterio que se sigue ahora- de aquí al 2020 y consagra el principio de precaución; a saber: que si se desconoce el estado de una pesquería, lo mejor es poner el total admisible de capturas (TAC) más reducido posible.

Entre esos 502 apoyos se contaba el del socialista Antolín Sánchez Presedo, pero no están ni el de la popular Carmen Fraga ni el de la nacionalista Ana Miranda, ambas muy disconformes con el hecho de que el texto haya dado prevalencia a la parte medioambiental de la sostenibilidad y prácticamente obviado las otras dos vertientes, la social y la económica.

La cuestión de los descartes es fundamental. Que hay que acabar con ese desperdicio lo tienen claro todos, sector pesquero incluido. Ahora bien, las diferencias estriban en cómo atajarlos. La Eurocámara apostó por una postura maximalista: imponer en dos años la obligación de desembarcar todo lo que se pesque. Así, sin más. Sin prever compensaciones ni alterar la estabilidad relativa para ajustar las necesidades de cuota y con excepciones insuficientes. Porque la enmienda oral introducida a última hora por la ponente Rodust para excluir al ochavo (que Galicia no aprovecha y que en Gran Sol constituye el 80 % de las capturas) no resuelve el problema de tener que dejar a bordo lirio o jurel, que no aguanta una marea de ida y vuelta frente a Irlanda.

Rechazo a la enmienda Fraga

Esa, precisamente, era una de las exclusiones que preveía la enmienda presentada por Carmen Fraga (PPE). Además de dilatar hasta el 2019 la prohibición total de los descartes, la alegación incorporaba la necesidad de realizar un estudio sobre los descartes por pesquería y caladero, con especial atención a las pesquerías mixtas, y la autorización para poder tirar por la borda especies con alto grado de supervivencia si se devuelven al mar y aquellas cuya conservación podría incluso constituir un riesgo higiénico porque se pudren y pueden afectar a las demás.

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