Los consumidores compran menos carne fresca y más congelada

La caída de ingresos de las familias deriva sus hábitos alimentarios hacia productos baratos


redacción / la voz

Vuelve el regateo a la gran lonja de frutas y verduras de la comunidad, Mercagalicia, adonde llegan y de donde se van las hortalizas que se venden en tiendas y supermercados. Por las instalaciones situadas en Santiago van y vienen cuatro toneladas al mes de productos de la huerta. Pero «el consumo ha bajado» y los mayoristas «ya no vienen a comprar con tanta alegría», explica Joaquín Macho. Y los que acuden a comprar regatean para tratar de obtener precios aún más ventajosos, algo que suelen conseguir.

Pero no son precisamente frutas y verduras los alimentos que más se resienten por la caída del consumo a consecuencia de la crisis económica. El bache ha conseguido variar los hábitos alimentarios de los españoles, que se rascan el bolsillo -millones, sin éxito- para intentar llegar airosos a fin de mes. De acuerdo con los datos que maneja el Ministerio de Agricultura, el consumo de alimentos cayó en el 2011 por segundo año consecutivo. En conjunto bajó poco, un 0,6 %. Pero, en concreto, la compra de pescado, un 1,9 %. Incluso decreció el consumo de leche (3 %), de frutas (0,8 %), aceite (1,8 %) y pan (2 %). En el 2011 se comió menos carne fresca (un 1,4 %), tanto de cerdo (que cayó un 3,8 %), de vacuno (2,5 %), como de ovino y caprino (6,4 %). En cambio, el consumo de pollo se mantuvo estable y el de carne congelada se disparó un 14,2 %. ¿Razón? Son más baratas.

Los datos más recientes que maneja el ministerio son hasta septiembre pasado. Ese mes, comparado con el mismo período del año anterior, el consumo de alimentos se había contraído en conjunto aún más que del 2010 al 2011: un 2,3 %. Se mantienen también las caídas de pescado (-1,4 %) -también de los congelados-, pero el consumo de carne sube ligeramente un 1,4 %. Pero, dentro de este capítulo, entre septiembre del 2011 y el mismo mes de este año, el desplome de ovino-caprino es mayor aún que la registrada del 2010 al 2011, cae un 10,1 %; por contra, se estabiliza el consumo de carne de cerdo y sigue aumentando el pollo y la carne congelada. La compra de pan se normaliza e incluso crece levemente un 0,8 %.

Lo que dicen estos datos es que los consumidores están adaptando sus hábitos alimentarios a sus posibilidades económicas. Gastan en comida -de hecho, la inversión en este capítulo en el 2011 se mantuvo más o menos estable en 67,5 millones de euros en relación al año anterior, también por el incremento de los precios-, pero en general tratan de elaborar un dieta con alimentos que resulten más baratos.

Fuentes de una importante cadena de distribución de Galicia explican que los clientes sí han cambiado de costumbres, «buscan precios más ajustados, pero no renuncian a productos de calidad». Esto ha obligado también a las grandes superficies a adaptarse a los nuevos tiempos. Traducción, a rebajar precios.

Ahora los clientes llegan a las tiendas de ultramarinos y supermercados con una lista de la compra muy ajustada. Se acabaron casi los tiempos de euforia compradora y de llenar el carrito de la compra hasta los topes cada dos o tres semanas. Ahora, los consumidores viven al día, van más veces a rellenar la cesta de la compra, pero se llevan menos cosas. Así, a poquitos, como para engañar al bolsillo y que parezca que el dinero rinde más.

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