Cuando Díaz Ferrán, el obseso del despido barato, conoció a Ángel de Cabo, quien creyó ser Richard Gere

El expresidente de la patronal no dudó en emplear los sevicios de Ángel de Cabo, un fontanero valenciano reconvertido


El 21 de diciembre del 2010 Gerardo Díaz Ferrán (Madrid, 1942) salía por la puerta de atrás de la presidencia de la CEOE, a la que se aferró hasta el último minuto pese a las críticas y presiones crecientes en el seno de la organización. Lo había sido todo -su trayectoria en el sector turístico le hizo merecedor de premios y distinciones- y ahora su imperio se venía abajo.

Tras meses sorteándolo, finalmente se vio obligado a convocar elecciones anticipadas en la patronal. El desprestigio galopante acabó por alcanzarlo tras el rosario de quiebras de sus empresas y las sospechas (ahora mutadas en imputaciones) de prácticas delictivas para ni pagar sus deudas ni asumir responsabilidades.

Hizo del despido barato su particular cruzada en el frustrado diálogo social previo a la reforma laboral socialista, y no apeó la chulería al dar como receta para salir de la crisis aquello de «trabajar más y cobrar menos», ni cuando achacó a un «número malo» de la lotería el hundimiento de su aerolínea, Air Comet. «Yo no la habría elegido para viajar a ningún sitio», llegó a decir Díaz Ferrán dos días después de que el cierre por sorpresa de la misma dejara tirados a miles de viajeros el 21 de diciembre del 2009, casi víspera de Nochebuena.

Se jactaba de haber comenzado a trabajar con doce 12 años, como cobrador en el autobús de su padre, y en torno al sector del transporte -Trapsa fue su primera empresa- y del turismo construyó su imperio, siempre con Gonzalo Pascual como socio. Fallecido este, el expatrono de patronos descarga sobre él cualquier responsabilidad.

Un fontanero valenciano reconvertido en remedo de Richard Gere

Porque Marsans, Air Comet, Aerolíneas Argentinas, Seguros Mercurio... Una tras otra, sus empresas fueron cayendo. Y para salvar los muebles -los propios, por supuesto- Díaz Ferrán no dudó en usar los servicios de Ángel de Cabo, un fontanero valenciano reconvertido en remedo de Richard Gere en Pretty woman; es decir, especialista en comprar empresas en quiebra para desguazarlas y sacar beneficio. De la relación Díaz Ferrán-De Cabo trasciende ahora, gracias a las investigaciones de la Audiencia Nacional, que la venta de Marsans fue una tapadera para eludir el pago de deudas (con mayoristas, empleados, fisco...) y hacer volar el dinero en pos de cuentas tan seguras como opacas. Porque cuando el expresidente de la patronal proclamaba, allá por el 2010, que «todos» tenían que ganar menos, no estaba pensando precisamente en él.

El malestar ciudadano era ayer más que evidente. Ilustrativa resultaba la entrada de Díaz Ferrán en la Wikipedia, donde se le definía como «ladrón al que han pillado con las manos en la masa». Y a prisión es a donde el juez Velasco puede enviarlo, junto a De Cabo esta semana.

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