Rajoy, De Guindos y el fin del mundo


Los últimos datos hechos públicos por las entidades financieras españolas, con un incremento de la mora desalentador, no dejan dudas de que la situación económica se deteriora día a día. Las familias soportan las consecuencias de una tasa de paro desquiciante (24,4 %), al tiempo que reducen su deuda con las entidades financieras (cayó un 3,19 % en un año), previsiblemente por lo que ya sabemos todos: el crédito está cerrado. No se concede, simplemente.

El Gobierno de Mariano Rajoy está reajustando sí o sí. Dice que este el camino correcto y que, antes de crecer, hay que reajustar. Puede que esté en lo cierto; puede que no.

Sea como fuere, el colapso de la economía española gira en torno a un círculo vicioso. Este parte del sistema financiero, donde se indigestan los activos inmobiliarios vendidos a crédito durante los años de expansión, esos en los que se ponía a España como referencia de modelo de crecimiento en todo el mundo, situación que avalaban el Banco de España (Fernández Ordóñez, hasta julio en el cargo), la ministra de Economía de turno (léase Elena Salgado) y demás autoridades. Hoy, tras el estallido de las subprime en Estados Unidos, con víctimas en la Europa más desarrollada (Alemania, entre otras), la marca España ya no vende. Es más, desde el aún presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy, hasta diarios como el Financial Times ponen a este país como ejemplo de «lo malo, lo peor», como dijo Ordóñez de la CAM cuando levantó una alfombra que los directivos de la entidad parece que tenían como escondite preferido para ciertas operaciones.

A De Guindos le toca cerrar un proceso de desamortización (¿les suena de la de Mendizábal?) que iniciaron los socialistas, previa exigencia de la gran banca: el fin del modelo de cajas de ahorros y las subastas de algunas de ellas por un euro.

Emilio Botín aplaudió ayer este proceso de reestructuración «que está muy bien orientado» y en el que el gran banquero participará estudiando las operaciones de Catalunya Caixa y NCG Banco. No fue más específico respecto al proyecto gallego, que es el único que le preocupa a Galicia y que defenderá hasta el final de un proceso que ya se alarga demasiado.

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