Gasolina para el Estado


Una lección que hemos aprendido este año es cuánto cuestan las cosas ¡Y ahora que sabemos tanto, imaginémonos todos juntos rezando para que a España le toque la lotería! ¿Que cuánto pedimos? Pues el dinero de ese ajuste que nos ha llevado al infierno, más lo que queda por venir de sanidad y educación, 37.000 millones. Dicho en otros términos, el 3,7 % del PIB. Imposible, ¿verdad? No hay bonoloto que soporte tal premio. Pues sepa usted que Argentina supera todos los años esa cifra, se deja el 4 % del PIB en subsidiar su economía, lo que para ellos vienen a ser 75.000 millones de pesos o 13.000 millones de euros. ¿Y cómo han llegado ahí? Néstor Kirchner, al llegar al Gobierno en el 2003, congeló aquellos precios sobre los que tenía poder. Buscó transferir renta a la castigada Argentina, y lo consiguió, pero lo que pudo haber sido válido en un momento se volvió perjudicial al siguiente.

Equivocación

En el caso del petróleo, se equivocó de pleno. Obligó a Repsol YPF a dar entrada a un inversor argentino, Eskenazi. Lo cual no tendría que ser malo si no fuera porque necesita el dividendo como agua de mayo para pagar deudas y, dado que tiene el apoyo del Gobierno, pues le hacen caso ¡Así de simple! Cualquier empresario sabe, cuando las cosas van bien, que debe decidir entre reinvertir o llevarse a casa los beneficios. Ya podemos imaginarnos lo que hizo Repsol YPF: agarró los beneficios. ¿Le supuso un trauma? No, al contrario, le venía de perlas la búsqueda del dividendo de Eskenazi. ¿Por qué? El Gobierno, para contener la inflación, había regulado los precios; estos ya no reflejaban el impacto de los costes. Mejor invertir en otros lugares. Y es que, con la fijación de precios máximos, hundieron la producción. En el 2003, se producían 43 millones de metros cúbicos y pasados 8 años, menos de 30. ¿La diferencia? Importaciones y con ellas, pérdida de dólares.

El modelo de Néstor se agotó y Cristina lo sabe. Igualmente es consciente de que debe mantener su política de subsidios. O lo hace o pierde el control del país. Necesita petróleo, es energía, y sin ella no hay bienestar, y sin este no hay votos. Dirán que Argentina no puede pagar el valor de YPF. Cierto, pero también lo es que ha puesto a remojar las barbas del sector petrolero y esto le favorece. Si esta expropiación no tuviera repercusión, hasta podíamos decir que no fue una pésima decisión. Pero no es así, ha introducido inseguridad jurídica y no hay cosa que más asuste a un inversor. Ha llegado el principio del fin del cristinismo.

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