El poder financiero se concentra todavía más

Las presiones han desplazado los centros de decisión a Madrid, pero la comunidad pelea por mantenerse en el mapa con Novagalicia


redacción / la voz

El fin de las cajas de ahorros ha supuesto también el fin de la descentralización financiera en favor de un territorio, Madrid, al que han migrado los nuevos bancos, los nacidos, precisamente, sobre las antiguas cajas. El negocio de aquellas 45 entidades de ahorro (hoy fusionadas en 13 grupos) supera los 1,1 billones de euros. Casi el 50 % de ellos corresponden a 4 sociedades que han ubicado su centro de negocio en la capital española. Y aún será alguno más con los cambios que se avecinan. Antes de todo este movimiento, en Madrid solo estaba la sede de una caja, la que tomaba el nombre de la ciudad.

En ese mismo lugar, conviene recordar, ya están los tres grandes del sector: Santander, BBVA y Popular. Los dos primeros nacidos, precisamente, en la periferia, se ubican hoy en el centro. Los movimientos no hacen sino reforzar esa centralidad de la banca en un país tan descentralizado como España.

Solo Barcelona hace de cierto contrapeso sombra, con La Caixa y Catalunya Banc (la antigua Caixa Catalunya), aunque pronto perderá Unnim, que puede acabar en una entidad no catalana. Fuera de las cajas, el Sabadell se ha reforzado con la compra, en condiciones muy ventajosas, de la CAM.

Precisamente con el fin de esta entidad alicantina, Valencia ha dicho adiós a su notable poder financiero. Bancaja ha acabado engullida en Bankia (con muchos problemas internos, por otra parte), y el Banco de Valencia está intervenido.

Los que han perdido

Junto a Valencia y en apenas dos años, otras 10 comunidades se han quedado sin su instrumento financiero. De esa quema, por ahora, Galicia se ha salvado con NCG, un banco que pelea por mantener su independencia ante los nuevos movimientos que ha alentado el Gobierno del PP y las poderosas presiones de la gran banca..

Junto a Cataluña y Galicia, Aragón, Andalucía y el País Vasco han logrado mantener una entidad anclada a su territorio, en la periferia. Está por ver si todas salen igual de esta segunda oleada. Antes de que llegue el verano, el panorama se habrá aclarado de forma sustancial.

¿Qué supone ese traslado del negocio a sitio, digamos, neutral? Que las decisiones estratégicas -créditos, participaciones industriales...- se toman alejadas de los territorios en los que nacieron esas cajas, donde mejor se conocían las necesidades de sus clientes.

Hay que remontarse hasta el bienio 1990-1991 para advertir un movimiento similar al vivido desde el 2009 en las cajas. Aquel año, producto de varias fusiones, nacían La Caixa, Caja España, la Kutxa, Unicaja o Caja Madrid, por aquel entonces la única entidad de ahorro asentada en la capital española. Pocas provincias podían lamentarse de no tener una entidad propia. Se contaban más de 50. Entre 1992 y el 2007 el número de movimientos se redujo a una decena. Hasta la explosión actual: de 45 firmas se ha pasado a 13 en un tiempo récord. Y pronto será una menos con la subasta de la catalana Unnim.

A la vez, el proceso de reorganización del sector bancario ha vaciado de competencias a las comunidades al desaparecer la cajas, que estaban bajo su paraguas. Abandonar ese corsé de los Gobiernos autonómicos, que podían vetar operaciones y fusiones, era una de las exigencias de los grandes grupos de poder financieros. La tutela de los nuevos bancos, nacidos de aquellas cajas, corresponde al Ministerio de Economía y al Banco de España. De nuevo, la centralidad.

La bancarización de las cajas

ha vaciado el

sistema financiero autonómico

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