Los italianos se sacrifican, mientras la clase política disfruta de vacaciones de ensueño

Han pagado los viajes de su bolsillo pero eso no ha restado fuerza a la indignación de los ciudadanos.


colpisa / roma

Italia está otra vez indignada. Un nuevo escándalo salpica a la clase política. Mientras el Gobierno de Mario Monti pide sacrificios a sus ciudadanos para hacer frente a la crisis que vive el país, sus políticos han disfrutado de unas vacaciones de ensueño en las paradisíacas islas Maldivas en Nochevieja.

Importantes nombres como Renato Schifani, presidente del Senado; Gianfranco Fini, presidente de la Cámara de Diputados, o Pier Ferdinando Casini, líder de Unión de Centro Democrático, aparecen en una fotos publicadas por las revistas Oggi y Chi pegándose la gran vida. Las vacaciones las han pagado de su bolsillo, pero eso no ha restado fuerza a la indignación de los ciudadanos.

Pero algo puede estar cambiando en Italia. Más allá de que ya se sigan sin ansiedad en el telediario las visitas del primer ministro al extranjero, sin temor de ataques de vergüenza ajena, ha sido increíble ver dimitir a un alto cargo. Carlo Malinconico, subsecretario de la presidencia del Gobierno, ha caído por un asunto que hasta hace nada le habría valido la promoción o al menos un vale premio para el bunga bunga: la trama corrupta de la Cricca, que untaba a peces gordos para obtener contratos públicos, le pagaba fines de semana en hoteles de lujo.

También los parlamentarios sufren el nuevo rigor, pues les han subido los precios del restaurante del Congreso, que eran un escándalo, y ahora salen fuera a comer, que les hacen descuento con un menú de 20 euros.

El símbolo de la nueva era

El símbolo de este nueva era que vive Italia, y que habrá que ver cuánto dura, es un futbolista de Segunda, Simone Farina, del Gubbio, cuyo mérito es haberse negado a vender un partido por 200.000 euros. Ha sido convocado por la selección como premio y homenajeado en el Balón de Oro.

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