El fantasma griego del impago resucita la desconfianza en España

La división entre los líderes europeos por el problema heleno alimenta la presión inversora


redacción / la voz

Mientras los líderes europeos andan a la gresca, enfrentados por las condiciones de la ya casi segura reestructuración de la deuda griega, los inversores siguen apretando las tuercas a los países con mayores problemas de la eurozona. Cada día que pasa exigen mayores rendimientos para confiarles el dinero.

Y, tras una cierta tregua, España ha regresado a la primera línea de fuego. Tanto, que la prima de riesgo, el sobreprecio que se les pide a los bonos españoles en comparación con los alemanes -considerados los más seguros-, se encaramó ayer a los 260 puntos básicos, un nivel que no se veía desde enero pasado.

Dicen los expertos que los que están alimentando el fuego de las dudas de los inversores no son otros que los que, sobre el papel, están ahí para sofocarlo. En nada están contribuyendo a calmar las revueltas aguas del mercado la pelea en la que se han enzarzado Alemania y el BCE por la participación del sector privado -bancos y fondos de inversión- en el nuevo rescate griego.

Algo más de un año después de haber tenido que ser auxiliada por sus socios con una inyección de 110.000 millones de euros, Grecia no está, ni mucho menos, en disposición de volver a un poner un pie en el mercado para financiarse por sus propios medios. Está claro que no va a poder hacerlo en el 2012 y no le queda dinero ni siquiera para hacer frente a los vencimientos que le aguardan a finales de este mes y durante la primera mitad del que viene.

El país heleno precisa dinero fresco con urgencia y a estas alturas ya nadie discute la imperiosa necesidad de un segundo salvavidas europeo para los griegos. Alemania quiere que los bancos acreedores pasen por caja y sufraguen parte de ese nuevo rescate. Su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, lo dejó más que claro la semana pasada, cuando propuso incluso la fórmula para que arrimen el hombro: que acepten una moratoria de siete años para cobrar los bonos que vencen durante los dos próximos años. Pero ni el BCE ni la Comisión Europea quieren oír hablar de ello. El presidente de la autoridad monetaria europea, Jean Claude Trichet, también lo ha dejado claro: se opone a cualquier participación de los acreedores privados que no tenga carácter voluntario.

Todo un ejercicio de exhibición de la división que reina entre los supuestos guardianes de la estabilidad de la eurozona.

Precisamente para tratar de alcanzar pronto un acuerdo que ponga fin a esta ceremonia de la confusión, los ministros de Finanzas de la eurozona celebrarán hoy una reunión extraordinaria en Bruselas, informa Efe.

Y, por si no había suficiente tensión en el ambiente, Standard & Poor?s asestó otro machetazo a la deuda helena, dejando su calificación a un paso del impago. Tampoco ayudaron las declaraciones de Nouriel Roubini, el experto que predijo la crisis, asegurando que sobre la economía mundial se cierne una nueva tormenta perfecta. Para echarse a temblar.

En cualquier caso, y aunque el riesgo de contagio es evidente, los analistas advierten que no toda la culpa de los males españoles la tiene Grecia. Una descafeinada reforma de la negociación colectiva, el estancamiento de la financiera, el miedo a lo que las alfombras autonómicas ocultan en términos de deuda y el runrún sobre el adelanto de las elecciones generales son los argumentos más empleados por los expertos para reforzar la teoría de que no todo va a ser contagio.

A niveles de enero

En los peores momentos del día, la prima de riesgo española llegó a sobrepasar el listón de los 260 puntos básicos.

Cerca ya del 11%

La rentabilidad del bono portugués a diez años sigue batiendo récords. Ayer llegó hasta el 10,7 %.

Por encima del 11%

En el caso irlandés, el rendimiento que se le exige al bono a diez años en el mercado secundario llegó ayer al 11,2 %.

La peor nota del mundo

S&P le rebajó ayer la nota, hasta CCC, la peor de todos los países que califica y por debajo, por ejemplo, de Zambia.

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