El ladrillo ya no será un lastre para la economía en 2012

No es que el próximo año se vuelva a los tiempos de vino y rosas, que nadie quiere ni siquiera mencionar.


El ladrillo dejará de ser el año que viene el gran problema que ha sido en los últimos tiempos. Al menos, ya no será un lastre, y comenzará a aportar al crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB). Así lo cree el servicio de Estudios de BBVA, que asegura en un reciente informe que sin tener en cuenta la inversión en vivienda el PIB crecería en 2012 un 1,5%.

Una cantidad inferior al 1,6% que estima la entidad remontaría el indicador si se sumara también la contribución de un negocio que muchos han denominado el 'cáncer' de la economía española. En definitiva, el sector maldito y del que hoy, en plena campaña electoral, unos y otros se reprochan el origen, el aliento o la dejación, suma y no resta. Un cambio importante para un segmento de actividad, eso nadie lo niega, esencial en la España reciente, pero cuyo derrumbe se ha llevado por delante más de un millón de puestos de trabajo.

No es que el próximo año se vuelva a los tiempos de vino y rosas, que nadie quiere ni siquiera mencionar. Ni mucho menos. Pero sí es novedoso el pronóstico de que sin vivienda se crecería menos que con ella. Toda una novedad después de pinchar en 2008 la burbuja inmobiliaria y acrecentar los efectos de crisis que vino que fuera.

Esa eventual mejora se debe en buena parte al efecto base, ya que después de mucho tiempo de declive cualquier mínimo crecimiento interanual luce mucho en las estadísticas. El informe Situación España de BBVA deja claro que la remontada será muy lenta. La pregunta es cómo de lenta.

Y es que los indicadores actuales no permiten grandes alegrías. BBVA explica que la inversión en vivienda «sigue marcada por la atonía del mercado inmobiliario, que continúa mostrando signos de debilidad, aunque de menor calado que en trimestres anteriores». Los cálculos pasan por una contracción de esa inversión del 7,5% en 2010, mucho más moderada que en anteriores ejercicios, que la «lenta recuperación de la actividad» convertirá en un aumento del 3,6% en 2011.

perjudicará demasiado las decisiones de demanda de vivienda.

A su vez, destaca el servicio de estudios de BBVA, durante el presente año y el siguiente «se seguirá reduciendo el volumen de sobreoferta», lo que permitirá una reanimación gradual del negocio.

El Ministerio de Fomento -responsable también de la vivienda- ya no se aventura a hacer pronósticos numéricos. Lógico después de que e se atreve, afirma que ya se ha comenzado a absorber la 'grasa' del sector.

En lo que respecta a la actividad residencial, recuerda BBVA, los datos de visados de obra nueva de los dos primeros meses de 2011 permiten hablar de una «tímida recuperación». Una alegría que, de nuevo, hay que manejar con prudencia por el efecto estadístico y la comparación con 2010, el año en el que los arquitectos firmaron el menos número de visados de los últimos treinta años.

Nuevas viviendas

En la parte esperanzadora de la balanza estadística el banco asegura que la construcción de pisos avanza también por «la necesidad de iniciar nuevas viviendas en los principales centros de actividad económica». «La desigual localización geográfica del 'stock' de pisos sin vender y el largo proceso de construcción (entre 18 y 24 meses) podrían estar comenzando a movilizar al sector a iniciar pisos», afirma.

Y es que hay demanda. Al menos, en algunas ciudades muy concretas donde, incluso, los precios llevan ya algunos meses subiendo. Todo lo contrario que el levante y algunas islas, donde el desplome ha llegado al 40% desde los máximos registrados en el primer trimestre de 2008. El descenso medio en ese periodo ha sido del 15,4%.

El sector no cree que los precios caigan mucho más, aunque si se tiene en cuenta la relación entre propiedad y alquiler -usada por los organismos internacionales para medir la sobrevaloración y asumida por Fomento- aún hay un pequeño margen de retroceso de entre el 3% y el 7% sobre los valores que las casas debieran tener.

En el sector promotor, redimensionado a base de quiebras y deudas inasumibles, están convencidos de que hay futuro. Un futuro mucho más modesto que el pasado y en el que casi todo dependerá del comportamiento de la banca. Las promotoras tienen un volumen de créditos dudosos de algo más de 180.000 millones de euros. Si bancos y cajas no abren la mano (hoy cerrada a cal y canto) para financiar nueva actividad, no se podrá devolver ese dinero. Y, en consecuencia, la actividad seguirá estancada. Es la pescadilla que se muerde la cola, por que la propia banca necesita actividad pero sufre también en sus balances el efecto ladrillo.

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