La solicitud de ayuda financiera divide de nuevo a los partidos portugueses

Los conservadores dieron su respaldo y los grupos marxistas rechazaron la petición.


La solicitud de ayuda financiera a la UE formulada por el Gobierno socialista en funciones volvió a dividir hoy a los partidos políticos de Portugal, donde los conservadores dieron su respaldo y los grupos marxistas rechazaron la petición.

Los altos intereses exigidos por los inversores para adquirir deuda lusa, los sucesivos recortes en el rating del país y la dificultad de la banca para acceder a financiación llevaron al Ejecutivo portugués a pedir anoche un auxilio que siempre quiso evitar.

El dramático anuncio del primer ministro dimisionario, el socialista José Sócrates, quien renunció a su cargo el 23 de marzo al rechazar el Parlamento su cuarto plan de austeridad, desembocó en reacciones diversas por parte de las formaciones políticas.

El principal partido opositor de Portugal, el Social Demócrata (PSD, centro-derecha), dio rápidamente su respaldo al Gobierno, después de haber negado hace unas semanas su apoyo parlamentario al último plan de austeridad del Ejecutivo socialista.

«La petición de ayuda (...) no debe de ser encarada por el país como el fin del mundo o un acto de desesperación y sí como un primer paso para no ocultar la realidad y afrontar nuestros problemas con dignidad», justificó el líder del PSD, Pedro Passos Coelho.

El presidente de Portugal e histórico dirigente del PSD, Aníbal Cavaco Silva, brindó también su apoyo al Gobierno en funciones para que se tomen las medidas que aseguren el funcionamiento de la economía.

En un mensaje en la red social Facebook, el dirigente conservador ofreció su respaldo para que «no dejen de ser adoptadas las medidas indispensables» que salvaguarden «el superior interés nacional» y aseguren «los medios de financiación necesarios al funcionamiento» de la economía lusa.

El Gobierno portugués no avanzó el montante del préstamo, aunque la agencia de evaluación de riesgos Fitch calculó hoy que Portugal tendrá necesidades de financiación de unos 60.000 millones de euros hasta 2013, que distan de los 75.000 millones estimados por el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker.

En un ambiente de precampaña electoral -la dimisión del Gobierno socialista forzó la convocatoria de elecciones anticipadas para el 5 de junio- los grupos políticos de la izquierda marxista se lamentaron por la petición de rescate y culparon de ello al Gobierno de Sócrates.

El líder del Bloque de Izquierda (BI), Francisco Louca, cuyo partido cuenta con 16 escaños parlamentarios, acusó hoy a la UE de «empujar» a Portugal al «abismo» en el que se encuentra y atacó la acción de los bancos por «haber estrangulado» el apoyo financiero al Estado.

«Exigimos una auditoría de toda la deuda externa pública y privada», dijo Louca, quien alertó de que «no existe hoy ninguna duda sobre el efecto de contagio» de la crisis de la deuda soberana, en referencia a la situación de España.

El Partido Comunista Portugués (PCP), con 13 diputados, estimó que la solicitud de auxilio financiero «no es necesaria» y urgió a la «renegociación inmediata» de la deuda.

«El momento es de indignación y de protesta, de salir a la calle frente a este anuncio que va a amarrar al país al retroceso y al declive económico», apuntó el dirigente comunista Vasco Cardoso.

Los llamamientos al descontento social no se han hecho esperar y la Federación Nacional de los Sindicatos de Funcionarios anunció hoy una huelga para el próximo 6 de mayo a favor de «un cambio de rumbo político para el país» que garantice la defensa de los servicios públicos y de los trabajadores.

En el sector financiero, las reacciones a la solicitud de ayuda produjeron alivio y el presidente de la Asociación Portuguesa de Bancos (APB) garantizó que el sector no podía continuar prestando dinero al Estado, por lo que aplaudió la futura inyección de liquidez que recibirán los bancos.

Entre los ciudadanos, la resignación y la preocupación por el futuro incierto que se avecina fueron las reacciones más comunes en un país que vivirá su tercer plan de rescate en los últimos 35 años, después de los efectuados en 1977 y 1983.

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