«Lo único que me queda ya es prenderme fuego»

María Cedrón REDACCIÓN/LA VOZ.

ECONOMÍA

Recibir o no la ayuda marca la diferencia entre dormir bajo techo o vivir en la calle para este padre de familia vigués.

02 dic 2010 . Actualizado a las 10:32 h.

Ramón, nombre ficticio del padre vigués que la semana pasada explicó en las páginas de La Voz cómo mantiene la dignidad gracias a la ayuda que le ofrece Cáritas después de haberlo perdido todo, descuelga el teléfono. Está nervioso. Su voz parece entrecortada. «Perdone es que con todo esto estoy un poco nervioso», explica. El «todo esto» del que habla es el anuncio realizado ayer por Rodríguez Zapatero durante la sesión de control del Congreso. En ese foro, el responsable del Ejecutivo avanzó que, a partir de febrero, el Gobierno corta el grifo al eliminar la paga de 426 euros que reciben aquellos parados que ya han agotado la prestación por desempleo.

La novedad es para él como un puñal directo al corazón. Porque ese es el único ingreso que recibe. Son unos euros que únicamente le llegan para pagar el piso alquilado en el que vive con su esposa y sus dos hijos pequeños, pero que marcan la diferencia entre tener un techo bajo el que refugiarse o vivir en la calle. Para el resto de gastos va trampeando con la ayuda de la oenegé y otras entidades que reparten alimentos y ayuda.

«No puede ser verdad»

«No puede ser verdad. No pueden hacerlo. No pueden, no pueden», comenta. La conversación se produce unas hora después de que una trabajadora de Cáritas en Vigo le hubiera avanzado lo que había dicho el responsable del Ejecutivo central. Antes de conocer la noticia, pensaba en cómo reunir los 2.000 euros que precisa para pagar el almacén en el que tiene los muebles de la casa que perdió y, después de cancelar la cuenta, llevárselos. «Empeñamos las alianza, una cruz de oro que tenía, pero no llega», dice. Pero ahora eso parece ser ya algo secundario. Aunque no cree lo que le han contado. O no quiere creerlo. «Como nos quiten eso quedamos en la calle, y eso no. En la calle, no», reitera.

Trata de calmarse porque con pensarlo un segundo lo único que parte de su boca son improperios contra un Gobierno que lo único que ha hecho, tal y como explica, es mentir. «No tienen conciencia. Cuando las cosas van mal, arremeten contra los que menos tienen», explica. Y no se cansa de repetir cuan oportuno es el anuncio. « Encima ahora en Navidad. ¡Mira con que sorpresa aparecen!», dice.

Dignidad

Tras pensar un momento, comenta que «como sea cierto lo único que nos queda es ir a la revolución. Es un escándalo», añade. Pero no va a rendirse. «Lo único que me queda ya es plantarme ante de las instalaciones de la Xunta o la Delegación del Gobierno y prenderme fuego. Por lo menos para que a otros les hagan caso. No van a quitarnos la dignidad».