Telefónica liquida su oferta por Vivo pese a que Portugal Telecom le pidió una prórroga de doce días

La española estudiará nuevas vías para integrar a la operadora en su filial brasileña


madrid/colpisa.

En esta ocasión no ha podido ser, pero no todo está perdido. Telefónica mantiene como «objetivo número uno» el control de la brasileña Vivo, a pesar de haber dado por «extinguida» su millonaria oferta a Portugal Telecom, que no ofreció respuesta alguna en el plazo marcado por la española. La compañía presidida por César Alierta vela ahora armas y se prepara para la batalla. Mientras, los recelos crecen entre los accionistas de PT, que han visto pasar por delante una propuesta muy atractiva y no descartan que sus títulos sufran un severo castigo del mercado cuando el lunes abra la Bolsa.

Telefónica empezó ofreciendo 5.700 millones de euros por el 30% de Vivo en manos de PT (en realidad, la operación pasa por la compra del 50% de Brasilcel, empresa conjunta de las dos operadoras ibéricas, que es la que controla el 60% de la brasileña); subió después la suma a 6.500 millones y, finalmente, la volvió a elevar hasta los 7.150 millones. Más tarde, y con el Gobierno luso declaradamente en contra, amplió el plazo para que Portugal Telecom analizara con más calma la propuesta. Pero se acabó la paciencia del equipo de Alierta, que en la madrugada del sábado dio por terminada la oferta ante la falta de una contestación en firme por parte del consejo de administración de PT.

La dirección de la teleco lusa se reunió el viernes durante cuatro horas sin tomar más decisión que la de pedir un nuevo aplazamiento (hasta el próximo día 28) que, esta vez, Telefónica se negó a otorgar.

La negociación continuó hasta altas horas de la madrugada a través de llamadas telefónicas, intermediarios y faxes cruzados que no lograron alterar la postura española. Tras esa falta de entendimiento se esconde la negativa tajante del Gobierno luso a que Vivo caiga en manos españolas.

El Ejecutivo de Sócrates llegó a vetar usando su acción de oro -declarada ilegal por el Tribunal de la UE- una venta aprobada por el 78% de los accionistas de PT. Un ejercicio de anacrónico proteccionismo muy criticado por Bruselas.

Telefónica tiene claro que la joya brasileña, que considera estratégica, ha de ser suya sí o sí. Pero tendrá que ser en otras condiciones y a través de una oferta muy distinta. La que había, sencillamente, ya no existe.

Posibilidades

El mercado no descarta que, pasada la borrasca, las conversaciones continúen o que, incluso, sea la propia PT la que, empujada por sus socios de referencia, trate de limar asperezas.

Algunos analistas advierten de la posibilidad de que a la portuguesa le lluevan demandas de accionistas o de que Telefónica trate de romper Brasilcel.

No han sido pocos los mensajes a favor de la venta desde el núcleo duro de PT. Su primer accionista, el banco Espirito Santo (8%), ha constatado que la relación con Telefónica está «agotada», y que es tiempo de buscar otro camino para la portuguesa en Brasil.

Incluso el magnate Joe Berardo (que controla el 2% del capital de PT) declaraba ayer que la negativa sería un desastre para las inversiones en Portugal y confiaba en un acuerdo.

Telefónica quiere controlar Vivo (que cuenta con un 30% de cuota de mercado en la telefonía móvil) para fusionarla después con Telesp, su negocio brasileño de telefonía fija. Algo que le permitiría hacer frente en Latinoamérica al magnate de las telecomunicaciones, el mexicano Carlos Slim, dueño de América Móvil.

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